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Comunidades primitivas que bienes producir dinero

     

I. Tradiciуn secular del poderнo econуmico de la Iglesia en las sociedades preclasistas 

     Como las demбs instituciones feudales, la posiciуn prominente que ocupa la Iglesia en el cuadro polнtico y econуmico de la Edad Media tiene una tradiciуn secular que se remonta a las primeras etapas del nacimiento y desarrollo del poder polнtico en las sociedades preclasistas. Aunque no es de este lugar el estudio del nacimiento y desarrollo de las instituciones polнticas de las sociedades prehistуricas, tema al que nos hemos referido en el Libro II de esta obra, podemos establecer desde ahora que los sacerdotes han sido los titulares del poder polнtico de la tribu antes de que el mismo se desplazase a los jefes civiles o militares de ella, y que cuando aquйllos fueron desplazados por йstos del ejercicio de las funciones gubernamentales de la tribu retuvieron una influencia pro. minente en la decisiуn de los asuntos tribales y continuaron siendo centros de concentraciуn de riqueza y de rango apenas inferiores a las supremas autoridades de la tribu con las cuales no pocas veces rivalizaron en el orden polнtico y econуmico. Los testimonios que agregamos a continuaciуn, referentes a diversos pueblos prominentes en el curso de la prehistoria, confirman plenamente este aserto:
    
Los templos caldeos, unos quince o veinte siglos antes de nuestra era, desempeсaban las siguientes funciones: Eran centros de explotaciones agrнcolas importantes, establecimientos de crйdito barato y de asistencia social, detentaban una parte de las funciones judiciales y formaban a los escribas. En la йpoca de los lagidas los sacerdotes egipcios gozaban de la renta de las tierras sagradas, del producto del trabajo de esclavos de ambos sexos, de la explotaciуn de algunas industrias, del monopolio de la prostituciуn y de las operaciones de crйdito que hacнan los templos. En Egipto, por obra de los Tolomeos, dice Rostovtzeff, terminу el monopolio industrial que ejercfan los sacerdotes. y un rasgo interesante de la vida econУmica del Imperio es la supervivencia de la actividad bancaria en algunos grandes templos de poderosa influencia.
    
En Grecia, entre los modos de apropiaciуn que contribuнan a formar la propiedad de los templos, encontramos tambiйn la funciуn correspondiente al crйdito. Las rentas de los templos de Delos consagrados a Apolo tenian entre sus fuentes de ingresos los procedentes de prйstamos hechos al Estado y a particulares, ademбs del producto del arriendo de las tierras de las casas sagradas. Los sacerdotes de los Estados helenisticos, dice Rostovtzeff, gozaban de un cierto grado de autonomia y como muchos funcionarios reales menores eran una clase privilegiada de los nativos. Eran propietarios dentro de los limites de la tierra sagrada.
    
El relato de la recaudaciуn de impuestos en Judea representa al reysacerdote en el papel de un recaudador general responsable ante los Tolomeos por las rentas de aquella regiуn.
     Bajo el torbellino de las guerras dinбsticas en tiempos de Seleuco II determinados Estados-templos declararon su independencia.
     Estrabуn hace descripciones excelentes de las funciones sociales y polнticas de los templos del Ponto, Capadocia y Armenia, donde los altos sacerdotes y sus colegas eran dueсos y seсores de todos los habitantes del templo mismo, de la ciudad del templo y de las aldeas de la regiуn. Todos йstos eran esclavos del dios y de la diosa. En el Ponto el alto sacerdote de cada templo era el representante del dios o de la diosa y el gobernante del territorio. Grandes extensiones de tierra eran cultivadas por campesinos que se consideraban a sн mismos como esclavos del dios. En el mismo templo habнa tambiйn esclavos similares que prestaban servicios bajo la direcciуn de varios sacerdotes. Una parte importante de la vida del templo la representaban las muchachas esclavas o prostitutas del templo.
    
En el reino atalida de Pйrgamo, los templos seguнan en importancia a las ciudades y a las colonias militares y civiles. Los templos eran grandes y ricos, algunos de ellos adheridos a la ciudad, en tanto que otros eran centros de distritos rurales. Los primeros eran administrados por sus respectivas ciudades como en Йfeso, Clarus y Sardis. y como algunos de ellos eran muy ricos y jugaban un papel muy importante en la vida del paнs como centros de banca e industria, los atalidas se vieron tentados a controlar sus finanzas y el derecho a disponer de sus ingresos y de sus tierras. Este derecho lo ejercieron designando administradores a funcionarios de sus templos, tal como sucediу por ejemplo en Sardis. y probablemente fueron similares las relaciones con los templos que no estaban adheridos a una ciudad, los cuales pagaban impuestos sobre sus propiedades.
    
En el imperio selйucida los reyes, como representantes del dios en la tierra, como "ungidos del seсor" exigнan fuertes contribuciones de los templos ricos de su reino y no vacilaban en acudir a la fuerza si los sacerdotes no cumplнan con sus exigencias. Los textos histуricos hostiles a Antнoco III y IV representan estos actos como el saqueo ilegal y sacrнlego de los templos. Asн aparecнa a los ojos de los nativos. Tal fue el saqueo de un templo de Bel en Etam por Antнoco III el aсo 187 a. C., cuбndу el rey perdiу su vida. Tal fue tambiйn el tratamiento que dio Seleuco IV y Antнoco IV al templo-estado de Judea y el famoso saqueo del templo en el aсo 169 a. C.
    
En las ciudades griegas habнa bancos de los templos de la ciudad misma y bancos privados, y en la йpoca helenнstica se desarrollaron los bancos de los templos y de los particulares.
    
Testimonios anбlogos revelan que los templos aztecas disponнan en la era precortesiana de importantes extensiones de tierra que los hombres de la tribu tenнan la obligaciуn de cultivar colectivamente en condiciones similares a como la hacнan para los jefes civiles y militares de la tribu. y la mismo parece probado respecto a los pueblos europeos que invadieron el Imperio Romano. El reverendo E. W. Watson describe de este modo la proyecciуn de las instituciones paganas de los bбrbaros europeos en la modelaciуn de las primitivas instituciones eclesiбsticas del cristianismo: El sacerdote cristiano es el heredero de su sucesor pagano. Se disponen de muchas pruebas segъn las cuales el jefe de una comunidad de aldea era originalmente el sacerdote, que el templo era virtualmente suyo, que en el curso del tiempo delegу el ejercicio de la funciуn sacerdotal en un delegado suyo, reteniendo la propiedad, y mбs que en ninguna otra parte en Escandinavia, donde tomaron una participaciуn considerable en los beneficios del culto. La comunidad resultaba incompleta sin sacerdote y sin templo y sus miembros estaban obligados a asistir a los servicios como la estaban a atender a otros deberes tribales. Asн, cuando la comunidad, siguiendo el ejemplo de su seсor, se hizo cristiana, habнa ya una fuente obvia de sostenimiento del sacerdote del nuevo culto. Los hombres no podнan ser menos generosos con йl que con su predecesor pagano. Lo sostendrнan del mismo modo y la elegirнan de la misma manera. Asн, la Iglesia heredу del paganismo el patronato eclesiбstico y la tierra de la gleba, asн como una pesada carga que gradualmente disminuyу y desapareciу sobre el edificio y servicio de la Iglesia.
    
Si en muchos aspectos el sacerdote tenнa una situaciуn de dependencia, en todo caso tenнa un status bien definido dentro de la comunidad. Tenнa una porciуn fijada por la costumbre dentro de la tierra cultivada. Con la tierra del seсor no tenнa nada que ver, pero asн como cada miembro de la comunidad tenнa derecho a una porciуn igual a la de los demбs, el sacerdote tenнa derecho a una porciуn doble. Asн, cuando Carlos el Grande conquistу y poblу Sajonia ordenу en su Capitularia que el sacerdote cristiano tuviese dos hufen o parcelas, porque sin duda el sacerdote pagano habнa ocupado la misma extensiуn. La continuidad entre el sistema cristiano y el pagano se pone de manifiesto en una costumbre general y extraсa que no tiene nada de especнficamente cristiana. La posesiуn eclesiбstica estaba gravada con una servidumbre que era universal desde Escandinavia al Tirol y que ciertamente es mбs antigua que la conversiуn de las tribus teutуnicas: el sacerdote estaba obligado a proporcionar animales masculinos para el servicio de los rebaсos y manadas de sus feligreses, pero no para los de su seсor. En Inglaterra la regla era que debнa proporcionar toro y puerco y en otros lugares tenнa la obligaciуn de prestar carnero y potro. Pero el sacerdote estaba libre de todo trabajo servil. Estaba seguro en su posesiуn, era jefe de su congregaciуn, solamente inferior a su seсor que podнa tomar la participaciуn que quisiese en las ofrendas del templo, aunque no podнa despojar al sacerdote de sus derechos comunales o de campo.
    
Entre los teutones el rey pagano parece haber sido el principal sacerdote que representaba el aspecto sagrado de la realeza y que en cierto modo fue el precursor del obispo cristiano que le sucediу. En la tradiciуn anglosajona del tiempo del rey Alfredo йl es conocido con el nombre de obispo mayor o principal, hasta tal punto es estrecha la analogнa entre su oficio y el oficio cristiano. Como representante religioso del rey debнa ser nombrado por йste como el sacerdote local era nombrado por el seсor local, y no es casualidad que el obispo arriano fuese nombrado por el rey godo y que estuviese mбs vinculado a йl que a su diуcesis.
    
A la vista de estos antecedentes no es difнcil comprender la posiciуn jerбrquica de los obispos en los primeros tiempos de la Iglesia en el cuadro polнtico general de la йpoca. El obispo, bajo el sistema del Imperio Romano cristiano, era un autуcrata. Su posiciуn era similar a la de un gobernador de una zona civil y los lнmites de sus territorios eran los mismos que los de un gobernador. Se le consideraba responsable de la disciplina y de la administraciуn de su diуcesis y era frecuente el caso de que si desagradaba al emperador era despedido como si se tratase de un funcionario civil. Podнa incluso convertirse prбcticamente en gobernador cuando el gobierno central se debilitaba.
    
En el proceso de descomposiciуn del Imperio Romano, los obispos, no sуlo fueron los depositarios de la autoridad polнtica y salvaron йsta en la crisis de las instituciones gubernamentales del Imperio, sino que ellos mismos se hicieron cargo de importantes funciones sociales que durante la vigencia del mismo estuvieron a cargo directamente del Estado. Tal sucediу con aquellas distribuciones de trigo y pan con que los emperadores aplacaban la efervescencia, siempre peligrosa, de la ingente masa de lumpen proletariado que constantemente se agitaba en la capital del Imperio. Un sнntoma de la descomposiciуn econуmica y social del decadente Imperio Romano era el empobrecimiento de las grandes masas de la poblaciуn, debido fundamentalmente a la desapariciуn de los ingresos que proporcionaba el tributo que Roma exigнa a los pueblos sometidos y que habнa sido la base de una importante actividad comercial e industrial al servicio de los mecanismos estatales encargados del cobro, del transporte y de la distribuciуn de los productos recaudados. Consecuencia de aquella desintegraciуn fue el aumento de los indigentes. La asistencia a esta clase habнa sido en la йpoca de expansiуn del Imperio Romano una de las misiones mбs importantes del Estado. En la tarea colaboraban tambiйn las clases acomodadas. Al hundirse el poderнo de Roma y desorganizarse el sistema administrativo basado en la exacciуn de tributos, se cerraron las fuentes de donde afluнan los socorros a los pobres. Esta misiуn pasу entonces a la Iglesia. Constantino la reconociу este importante papel, concediйndole parte de los abastecimientos de trigo que hasta entonces el Estado dedicaba a tal fin. El testimonio del emperador Juliano, el mбs encarnizado adversario del cristianismo en el siglo IV, revela el acierto con que la Iglesia supo sacar partido de esta situaciуn, pues dice aquel emperador que las actividades benйficas de la Iglesia fueron uno de los medios mбs importantes de que se valiу para difundir la doctrina que йl tanto detestaba. Muchos donativos que se hicieron a la Iglesia se destinaban a estos fines de carбcter benйfico. Una vez organizado el sistema episcopal, el Papa Simplicio dispuso que a partir del aсo 465 las rentas de la Iglesia se dividieran en cuatro partes, una para los obispos, otra para la fбbrica de la iglesia, otra para el sustento de los clйrigos y otra para ser distribuida entre los pobres y los forasteros. 

 

           2. El origen del poderнo econуmico de la Iglesia cristiana y su integraciуn en el sistema feudal

     Al llegar el siglo v habнa aumentado extraordinariamente la propiedad de la Iglesia. Ya antes de esta йpoca Constantino concediу a la Iglesia el derecho de adquirir bienes. Desde la йpoca de los hijos de Constantino se iniciу la suspensiуn del culto pagano y empezaron a confiscarse los bienes de los templos paganos y su transferencia por donaciуn a los cristianos. Pronto la piedad de muchos cristianos y especialmente la debilidad de las mujeres fueron explotadas por el clero para obtener en detrimento de la familia donaciones mortis causa en favor de la Iglesia. Valentiniano I prohibiу taxativamente (aсo 376) a los clйrigos y monjas que visitaran las casas de las viudas y huйrfanos, declarando invбlidas todas las donaciones y legados de viudas y demбs mujeres en las que so protexto de la religiуn estuviesen interesados clйrigos. No mucho despuйs, con objeto de evitar que familias enteras quedasen en la miseria, Teodorico el Grande dio disposiciones contra las donaciones de los feligreses a la Iglesia y a los clйrigos. Durante el siglo v se implantу la costumbre de nombrar heredera a la Iglesia cuando se carecнa de hijos y se hacнan donativos de parte del patrimonio para la salvaciуn del alma. Este proceso determinу desde el principio una tendencia de нndole econуmica que impregnу sustancialmente incluso las actividades espirituales de la Iglesia.
    
El ideal de los cristianos primitivos se refugiу en el ascetismo que originу la vida monбstica. La sociedad cristiana medioeval especializу en йl en cierta forma la eficacia moral con vistas a la salvaciуn. La funciуn de los monjes era la de adquirir mйritos para sн y para los demбs. De aquн las numerosas donaciones de que eran objeto. Se daba por supuesto que por medio de estos dones los fieles participaban en los beneficios de las mortificaciones y de los mйritos que йstas engendraban. Pero cuando los monasterios se hicieron ricos y poderosos administrando vastos dominios y dirigiendo un numeroso personal, el ideal monбstico cediу forzosamente ante otras preocupaciones; la vida y el siglo de los negocios no es de anacoretas. En una sociedad en la que dominaban el interйs y las pasiones, las costumbres monбsticas degeneraron rбpidamente; los desуrdenes y las ambiciones hicieron su apariciуn y de modo intermitente los reformadores reclamaban el retorno a la regla primitiva. Las уrdenes religiosas pasaron asн por una serie de alternativas entre el ascetismo y la relajaciуn.
    
En este cuadro de fondo se comprende perfectamente que las costumbres de los clйrigos difiriesen poco de las de los laicos. Los obispos y los abades son barones feudales. Nada distingue en conjunto a los prelados de los seсores. "Rogamos a las gentes de Iglesia", pedнa Carlomagno en el aсo 811, "que nos expliquen lo que entienden por renunciar al mundo y en quй pueden distinguirse a los que lo dejan de los que siguen en йl." Los prelados se entregaban a las mismas usurpaciones y depredaciones que los seсores laicos. Se arrogaban tнtulos feudales y creaban verdaderas dinastнas que transmitнan sus poderes a sus hijos y a sus bastardos. Las costumbres eran duras, brutales, impulsivas, mбs libres y menos afectadas que en nuestros dнas.
    
Las gentes de iglesia no tenнan una polнtica mбs dulce que la de los laicos; los siervos de la Iglesia no eran mejor tratados que los demбs. Obispos y monjes administraban sus dominios tan duramente como los seсores y exigнan los diezmos y los tributos con anбlogo rigor. La inmensa mayorнa de las sublevaciones de los campesinos se produjeron en tierras eclesiбsticas. La servidumbre persistiу en йstas mбs tiempo que en las de los nobles y los reyes.
    
La Iglesia no ha combatido nunca el principio de la esclavitud, como mбs adelante veremos. Ha reglamentado su estado prohibiendo, por ejemplo, la venta de esclavos a los paganos, pero nunca ha suscitado dudas respecto a su legitimidad; los obispados y los monasterios la han utilizado sin escrъpulos.
     "La paz de Dios" y la "tregua de Dios" instituidas en los siglos X y XI no fueron nunca inspiradas por sentimientos religiosos ni humanitarios, sino por la necesidad de proteger las tierras eclesiбsticas mal defendidas y a su personal y comitentes contra las depredaciones; y estas medidas tardнas no tuvieron sino una limitadнsima eficacia. 

          3. Desarrollo del poderнo econуmico de la Iglesia

     La extensiуn de la propiedad territorial y la cuantнa de la fortuna 'de la Iglesia durante la Edad Media y en los tiempos modernos no han sido conocidos nunca. La impresiуn que fluye de todas las fuentes es que fueron inmensas. Boissonade opina que la Iglesia llegу a poseer entre los siglos X y XI de un tercio a la mitad de la propiedad inmueble de la Europa occidental. Las referencias mбs particularizadas concuerdan con esa apreciaciуn. En la Espaсa medioeval, segъn la documentaciуn visigуtica y las actas legislativas de 1351 y 1428, el incremento de los bienes del clero era extraordinario. Una investigaciуn hecha con fines fiscales en 1656 declaraba que en los reinos de Castilla y Leуn una sexta parte de la propiedad territorial pertenecнa a la Iglesia. En Francia se ha calculado que a fines del siglo xv las rentas de la Iglesia eran apenas inferiores a las del Estado; en tiempos de Luis XIII la Iglesia parece haber poseнdo una tercera parte del suelo francйs. En 1380 el Parlamento inglйs denunciaba que la Iglesia poseнa una tercera parte de la Isla.
    
Pero la influencia de la Iglesia se explica mбs que por la cuantнa de sus bienes por la influencia que ejerciу la doctrina oficial de la misma sobre la propiedad de la tierra, aunque en realidad la teorнa y la prбctica de la Iglesia respecto al patrimonio no son sino otros tantos aspectos de una misma cuestiуn. La Iglesia, gran propietaria, estimaba la propiedad de los fieles como una posesiуn fiscalizada por ella misma. Segъn su punto de vista, el rico era un ecуnomo por cuenta de la providencia divina y su oficio consistнa en dar limosna a los pobres. La fortuna era considerada por la Iglesia como un favor divino que los ricos debнan compensar dando una parte a los monasterios y a la Iglesia administradora de los bienes de los pobres.
    
Pero no era solamente la buena voluntad de los fieles o el interйs pъblico de sus fundaciones lo que atraнa entonces recursos para el clero; existнan ademбs otras prбcticas importantes de carбcter imperativo: la Iglesia tenнa derecho a una participaciуn en cada ejecuciуn testamentaria. Estaba tan generalizado el uso de los legados destinados a obras pнas, que se estableciу como norma entre los superiores eclesiбsticos o laicos el derecho a designar para tal fin una parte de los bienes de los que fallecнan sin testar. El jesuista catуlico Chйnon explica este hecho del modo siguiente: "La Iglesia, que ha introducido en la Galia franca el testamento, desconocido por los germanos, exigнa que todo fiel hiciese antes de su muerte algъn legado piadoso por la salvaciуn de su alma o de lo contrario se le consideraba inconfeso." Los mismos siervos, para satisfacer este deber, obtuvieron el derecho de testar hasta la concurrencia de cinco sueldos. Tambiйn el testamento en la Edad Media, por lo menos en las regiones de derecho consuetudinario, era verdaderamente un acto religioso y con mucha frecuencia se calificaba como limosna. En el siglo IX las disposiciones testamentarios de orden civil habнan sido accesorias. La parte principal de los testamentos eran las donaciones piadosas. Lo referente a la herencia en materia civil se regulaba por las costumbres locales. En los siglos XII y XIII las disposiciones de orden profano volvieron a adquirir en los testamentos la parte importante que contenнan antes del siglo IX y las de orden piadoso pasaron a ser accesorias. Fue en esta йpoca cuando la intromisiуn en los testamentos adquiriу carбcter coercitivo, que se manifiesta en la equiparaciуn de abintestato e inconfeso, que implicaba la codenaciуn canуnica de quienes no dejaban mandas piadosas.
    
Cualesquiera que fuesen los usos locales de cada regiуn, dice Auffroy, en todas partes los confesores estaban armados de argumentos casi irresistibles para decidir a los penitentes a dejar una parte de sus bienes para la Iglesia. Tambiйn se vio algunas veces a los clйrigos regulares y seculares disputarse el derecho de ocupar los primeros la cabecera de los enfermos. Un sнnodo de Parнs de 1212 descubrнa los abusos de esta influencia que ejercнan los confesores sobre los moribundos. La asimilaciуn entre intestados e inconfesos, al ser admitida por el derecho consuetudinario, vino a facilitar la intromisiуn clerical en materia testamentaria. Como en tales casos este derecho autorizaba la confiscaciуn de los bienes de quienes morнan sin testar, en provecho del prнncipe, castigando con ello la falta de confesiуn y no la falta de testamento, el clero intervenнa entonces para fabricar un testamento simulado que, evitando la confiscaciуn, salvaba la parte de la Iglesia y herederos. En la asamblea de Vincennes, de 1329, el legista Pierre de Cugnieres denunciaba estos abusos diciendo: "Los jueces eclesiбsticos pretenden hacer un inventario de los bienes de las personas que mueren sin testar, entrar en posesiуn de sus bienes muebles e inmuebles y hacer ellos mismos la reparticiуn entre los herederos que ellos mismos designan." El hecho era tan general que Thomassin formу toda una doctrina justificativa de la intromisiуn de la Iglesia en los actos testamentarios, doctrina que ha estado en vigor al menos durante cuatro siglos. Segъn Thomassin la Iglesia habrнa intervenido con todo desinterйs en los actos testamentarios con el fin de procurar la salvaciуn del alma del testador y de defender los intereses de los acreedores y herederos; estos fines habrнan sido, segъn el mismo autor, evitar que los seсores abusaran de los bienes de sus pecheros que morнan sin testar, velar por que los individuos que fallecнan restituyeran lo que habнan mal adquirido, y salvar el alma del testador haciendo que legase a la Iglesia una parte de lo que йl ya no podrнa hacer uso.
    
Las exigencias fiscales de los monasterios y de los obispos no eran menos imperativas para las poblaciones que productivas para sus usufructuarios. Los diezmos, oblaciones y prestaciones que exigнan los monjes y el clero secular se extendнan a toda clase de productos de la agricultura y de la ganaderнa y gravaban tambiйn la actividad comercial e industrial. La jurisdicciуn temporal del obispo de Parнs daba a йste el derecho a una participaciуn importante en los recursos fiscales de la ciudad en competencia con el poder real, y un fallo judicial de 1407 confirmaba todavнa en su favor esos antiguos derechos episcopales.
     E
n los siglos XIII y XIV, la йpoca de emancipaciуn de los siervos y de prosperidad urbana, la Iglesia no dejaba de enriquecerse. La construcciуn de iglesias y abadнas durante este perнodo fue uno de los medios mбs visibles y poderosos de atraer recursos a las cajas eclesiбsticas. Estos edificios ejercнan entonces funciones de asistencia social y de concesiуn de crйditos, con cuyo seсuelo los titulares de aquйllos atraнan los auxilios pecuniarios. Es sabido, ademбs, que esas construcciones se prolongaban durante largos aсos recurriendo en algunos casos a prestaciones personales de los fieles para erigirlos. Pero eran las creencias religiosas, mбs poderosas que ninguno otro factor, la fuerza decisiva en este proceso en el que se originу la multiplicaciуn de edificios que corporeizaban, ennoblecidos por el arte, el poderнo creciente de la Iglesia. 

     Precarios. Otro modo de apropiaciуn que ha tenido gran importancia en la gйnesis de la propiedad de la Iglesia en la primera parte de la Edad Media, y cuyo carбcter tiene singular interйs, ha consistido en los contratos de precario, mediante los cuales los fieles hacнan donaciones a la Iglesia de un bien raнz que inmediatamente volvнa a adquirir el donante en forma de contrato censual a largo plazo. Siendo el contrato censual, jurнdicamente considerado, una clase especial de locaciуn, por medio del precario se transformaba l.a propiedad plena de una tierra o explotaciуn rural en una forma de posesiуn. La Iglesia pasaba a tener el dominio eminente y el antiguo propietario transformado en precarista conservaba el usufructo. El precarista quedaba exento de las alternativas e incertidumbres de la economнa agraria a cambio de la obligaciуn de pagar a la Iglesia un. censo fijo; la propiedad quedaba acogida al privilegio fiscal eclesiбstico, y la seguridad personal del productor quedaba asн mбs garantizada que en su condiciуn precedente.
    
En la prбctica este gйnero de contratos se prestaba a mъltiples combinaciones; puede, por lo tanto, habйrsele asignado diversas clasificaciones jurнdicas, como sucede en todos los actos del derecho medioeval; pero su funciуn ha sido siempre la misma, la de contribuir a aumentar poderosamente las propiedades de la Iglesia por medio de, la desapariciуn de propietarios libres. El derecho y el estado social de la Edad Media se prestaban admirablemente para esta clase de combinaciones; en el derecho medioeval no existнan lнmites precisos entre los contratos de locaciуn y venta: de ambos caracteres participaban los contratos censuales que iban involucrados en el precario.
   
En ciertos casos los precarios sirvieron para la constituciуn de rentas vitalicias, en dinero o en especie, durante la vida de los donantes. Despuйs de la muerte de йstos las tierras quedaban de la propiedad de la abadнa. Esta combinaciуn parece haberse utilizado en los precarios contraнdos por los monasterios con cultivadores que carecнan de descendientes, al llegar a una edad avanzada, los cuales, a cambio de la seguridad de una pequeсa renta, debнan enajenar de por vida su fuerza de trabajo. A su muerte la tierra que habнa sido suya pasaba a poder de la Iglesia y se suponнa que este donativo pуstumo salvaba su alma. 

 

         4. El clero secular y regular desde el punto de vista de la economнa feudal 

     El catolicismo establece la distinciуn entre el clero secular y las уrdenes religiosas en funciуn del grado de renunciamiento. El clero secular renuncia solamente al matrimonio -vive en el siglo--; los religiosos renuncian, ademбs, a los bienes de la tierra y a la voluntad propia, quedando subordinados en cuanto a su economнa privada y a la monбstica, a la administraciуn de un ecуnomo y de un superior. Segъn esta teorнa de los grados de renunciamiento, la vida en comъn y la pobreza son las caracterнsticas de las formas mбs perfectas del estado clerical: la vida monбstica.
    
De toda la actividad econуmica de la Iglesia medioeval, es la producciуn monбstica la que aparece como el hecho mбs singular y de mбs influencia en la evoluciуn social. Los monasterios se presentan como centros cada vez mбs importantes de producciуn agrнcola y si los comparamos con los demбs centros de producciуn artesana o agraria de aquella йpoca -las ciudades y los seсorнos advertimos que fue necesaria la existencia de ciertas franquicias y garantнas para que los nъcleos de la producciуn monбstica pudieran subsistir y prosperar en medio del desorden y de la inseguridad generales.
     "
Los benedictinos", dice Sorel, "crearon para sus necesidades un medio artificial privilegiado... En una йpoca en que los gobiernos no podнan dar seguridades a las poblaciones, el prestigio religioso de los monasterios protegнa pequeсas colonias pacнficas." En realidad ese medio artificial privilegiado -primera condiciуn indispensable para la posibilidad de la producciуn monбsticano fue solamente debida al prestigio religioso de los monasterios; parece haber sido obtenido o elaborado por mйtodos muy semejantes y a veces iguales, a los puestos en prбctica por los municipios para conseguir los fueros que hicieron posibles los progresos de la economнa urbana.
    
Los monjes fueron a menudo los prestamistas de reyes y de prнncipes, lo que permite suponer que la existencia de sus privilegios puede explicarse por medio de convenios pecuniarios; del mismo modo es frecuente durante la Edad Media ver ciudades que obtienen esos privilegios mediante anticipos de dinero a los poderes reales o seсoriales en trance de necesidad. Los procedimientos empleados por estos poderes con los bienes de la Iglesia autorizan a dudar de que su benevolencia con ella haya sido siempre gratuita. Pero los privilegios fiscales y la seguridad no constituyen los ъnicos rasgos del medio peculiar creado para las instituciones monбsticas. Ante los particulares disponнan ademбs de ese prestigio fundado en las creencias y en el carбcter mнstico atribuido a la limosna y era este aspecto de la instituciуn y de sus obras el que influнa para atraer los capitales, las tierras y la mano de obra que venнan a formar, frecuentemente en forma gratuita y voluntaria, la base material de las fuerzas productivas que han desarrollado la economнa monбstica.
    
Esta mezcla de motivos utilitarios y piadosos se descubre constantemente cuando se estudia la historia de la economнa eclesiбstica sin que sea posible escindirlos. Juzgados objetivamente con abstracciуn de. intenciones, la creencia en lo divino y en lo sobrenatural, la fe en Dios y en los milagros, aparecen como indudables y potentes medios de acumulaciуn en la gйnesis de la propiedad eclesiбstica.
    
En la formaciуn de ese medio artificial y privilegiado en que han desarrollado su actividad los monasterios, la influencia espiritual de los papas ha sido un factor decisivo. Desde fines del siglo IX se generalizу la costumbre de solicitar la protecciуn de la Santa Sede para los nuevos monasterios que se fundaban. Las posesiones atribuidas a ciertas instituciones monбsticas fueron consideradas como bienes del patrimonio de San Pedro, y como reconocimiento del dominio eminente asн concedido al apуstol, estaban gravados con un censo anual en favor de la Santa Sede. Con esta instituciуn del censo apostуlico que subsistiу hasta el siglo XVI venнa a establecerse algo semejante en el gobierno interno de la Iglesia a la norma que regнa las relaciones entre el poder pontifical y los reyes. La Santa Sede pasaba a tener el dominio eminente y los monasterios le pagaban un censo. Por consiguiente tambiйn en la protecciуn dispensada por la Santa Sede a los monasterios se descubre el mismo doble aspecto: uno econуmico y bien definido, que consiste en el uso fiscal que unнa a la Santa Sede y a los monasterios, y otro de sentido puramente espiritual que suponнa suficiente la atribuciуn del dominio eminente de un establecimiento religioso a la Santa Sede, para garantizar su seguridad y su inmunidad fiscal.
    
La eficacia de la protecciуn que dispensaba la Santa Sede se fundaba a su vez en la eficacia de las censuras espirituales por medio de las cuales el Papa podнa conminar a los reyes y a los seсores y deponer a los funcionarios civiles que osaban usurpar o atacar las propiedades que amparaba la Santa Sede.
    
La sumisiуn directa de los monasterios al Papa fue un arma poderosa en la lucha entre el pontificado y el emperador y origen de la pugna entre el clero secular y regular. En la prбctica, la protecciуn aspostуlica tenнa como consecuencia que los monasterios censatarios escapaban a la jurisdicciуn de los obispos para depender directamente de la Santa Sede, llegando a constituir en toda Europa un dominio pontifical de carбcter particular. Con el desenvolvimiento del monaquismo se desenvolvнa y afirmaba la autoridad pontificia. Las уrdenes mendicantes en el siglo XII proporcionaron a la Santa Sede los teуlogos que adulteraron la verdad histуrica para dar forma definitiva a la teorнa del poder pontifical afirmando la soberanнa del Papa sobre los reyes y obispos. En este caso la teorнa no hacнa mбs que reflejar, exagerбndola, la realidad contemporбnea que tuvo su culminaciуn en la Guerra de las Investiduras. En los primeros siglos de la Edad Media los monasterios se acogнan a la protecciуn del poder real, ъnico que entonces podнa garantizar su seguridad. Pero al debilitarse la autoridad real el prestigio creciente de la Santa Sede hizo sustituir la protecciуn regia por la apostуlica a partir del siglo IX. Despuйs de la Guerra de las Investiduras la protecciуn apostуlica tendiу a adquirir un carбcter mбs estricto y mбs independiente del poder civil. No solamente monasterios, siervos y reinos se acogieron a ella y pagaban el censo apostуlico. Las pequeсas monarquнas de los siglos XI y XII, los seсorнos de toda especie, querнan asegurar su independencia o defenderse de las corporaciones limitando su soberanнa con el mismo lazo censual que unнa las instituciones monбsticas a la Santa Sede.
    
Aunque la tutela del Papa sobre los monasterios variaba segъn los casos y materias -se permitнa su intervenciуn en las elecciones abaciales y en la administraciуn de los bienes su contraparte solнa ser el poder conferido a los monjes para elegir el abad sin la intervenciуn episcopal ni de los laicos poderosos.
    
Cuando este mecanismo estuvo consolidado la polнtica gubernamental de los papas en los ъltimos siglos de la Edad Media consistiу en oponer las уrdenes monбsticas, estrictamente identificadas por sus intereses y su obediencia con la Santa Sede, frente al poder de los obispos, poniйndolas al mismo tiempo en concurrencia con el clero secular en lo referente a la explotaciуn del culto y de la generosidad de los fieles.
    
Entre el clero regular y el secular sucediу una larga y acerba concurrencia en que los monjes, fortificados en su riqueza y en su autonomнa, lanzaban continuos ataques al presupuesto de las parroquias del que los curas vivнan.
    
Del mismo modo la lucha entre la nobleza secular y la nobleza eclesiбstica arreciу violentamente durante la Edad Media. Los reyes, los seсores y los barones pasaban una parte de su vida saqueando los dominios eclesiбsticos y haciendo la guerra a las abadнas, a los cabildos y a los obispados. En 1246 se estableciу una verdadera liga entre los seсores del norte y del oeste de Francia asociados con campesinos y burgueses, contra las pretensiones del clero. Sus palabras y sus actos son de una audacia desconocidas hoy. La guerra reinaba de un extremo a otro de la escala social entre laicos y clйrigos. En el extremo inferior el noble menesteroso envidiaba las riquezas de la Iglesia que eran para йl la fuente mбs abundante de botнn; ejercнa un constante bandidaje sobre los bienes y las personas eclesiбsticas sin mostrar mбs respeto por los hombres que por las cosas. En el extremo superior de la escala social los grandes barones temнan por su soberanнa; continuamente en guerra con los obispos y los abades, incendiaban las iglesias y los monasterios, confiscaban sus tierras, se apropiaban sus hombres, sus siervos y sus esclavos. 

     5. Posiciуn teуrica de la Iglesia respecto al trabajo manual durante la Edad Media 

     Numerosos historiadores catуlicos sostienen hoy que durante la Edad Media la Iglesia exaltу la dignidad del trabajo manual. El jesuita Hartmann Grisar afirma explнcitamente este hecho. Segъn йl la Iglesia habнa ennoblecido el trabajo manual en oosiciуn al concepto despectivo que de йl tenнa la antigьedad. El benedictino H. Leclercq, pretendiendo estudiar el asunto con relaciуn al estado social que implicaba la economнa antigua, llega a una conclusiуn semejante: ."El cristianismo", dice, "contribuyу ampliamente a la expansiуn industrial por el respeto y el interйs que concediу al trabajo manual y por este medio a los intereses econуmicos"; y del precepto que figura en las epнstolas de San Pablo, segъn el cual "quien no quiere trabajar no debe comer", deduce: ."No es tanto el ejercicio del trabajo manual como su rehabilitaciуn lo que ha sido la obra del cristianismo." La revoluciуn moral que fue el resultado no es dudoso, pero la revoluciуn econуmica no fue menos real ni menos eficaz. Este supuesto de la doctrina catуlica cae por su base si se tiene en cuenta que no ha existido tal expansiуn industrial, ni tal rehabilitaciуn del trabajo manual, ni tal revoluciуn econуmica mientras durу la influencia de la Iglesia sobre la economнa antigua y la medioeval; y si al final de la Edad Media, йpoca a que no alcanza el lнmite cronolуgico de la obra de Leclercq, se produjo la revoluciуn econуmica que desembocу en el advenimiento del sistema capitalista, ello ocurriу sin que el trabajo manual dejase de ser considerado vil. x
    
Los padres de la Iglesia, en las postrimerнas del Imperio Romano, aconsejaban la sumisiуn de los esclavos. El resultado de su influencia se limitу a que la condiciуn de aquйllos fuese dulcificada, lo que por otra parte contribuнa a evitar la rebeldнa, y aun en este aspecto habrнa que hacer notar que esta legislaciуn benigna para la mano de: obra servil del tiempo de los Antoninos volyiу a su antigua severidad con Constantino en la йpoca del cristianismo triunfante.
    
Los doctores de la Iglesia medioeval tambiйn encontraban justificada la esclavitud. La modificaciуn que Santo Tomбs produjo en ella fue la opiniуn de que el esclavo estaba sometido temporalmente al amo; pero que su espнritu era libre y debнa tener libertad para ejercer la caridad con el prуjimo. Si recordamos que en la misma йpoca la Iglesia desligaba a las personas de los lazos feudales cuando йstos representaban un obstбculo para la realizaciуn de actos favorables a las instituciones eclesiбsticas, advertimos que esta modificaciуn introducida por el Dr. Angйlico en la teorнa de los antiguos sobre la esclavitud no era una simple especulaciуn teolуgica sin relaciуn con los intereses temporales de la Iglesia.
   
En los tiempos modernos la Iglesia Catуlica siguiу la tradiciуn esclavista del cristianismo primitivo: en el siglo XVI, consultados por el Consejo de Indias, los jesuitas encontraban legнtima la esclavitud de los negros en Amйrica. La existencia de ciertos escritores dominicanos que pensaban de otro modo prueba que la Iglesia no tenнa doctrina contraria a la esclavitud, ni aun entonces en que ella misma explotaba gran nъmero de esclavos en sus establecimientos religiosos de Amйrica: "Tanto en los siglos XVII y XVIII como en el XVI", dice Georges Scelle, "el papado no condenу la trata negrera ni la esclavitud, ni tomу partido contra estas instituciones."
    
El estudio cada vez mбs completo de sociedad durante la Edad Media conduce a la conclusiуn de que en general la Iglesia no tuvo influencia alguna en la emancipaciуn de los siervos; y cuando esa influencia es visible accidentalmente, como en el caso de los sainteurs del Henao, la vemos utilizando un procedimiento parecido al de la protecciуn apostуlica: los siervos se emancipaban total o parcialmente del dominio seсorial para pasar a contraer ciertas obligaciones pecuniarias, personales o hereditarias hacia el clero de la Iglesia o monasterio a que pertenecнa el santo bajo cuya protecciуn se colocaba. La Iglesia no daba nunca gratuitamente esta protecciуn.

          6. Reclutamiento de la mano de obra para la explotaciуn de los bienes de la Iglesia 

     Al estudiar la organizaciуn del trabajo en los monasterios los autores catуlicos han tratado de justificar la obligaciуn de trabajar basбndose en consideraciones religiosas y en los textos sagrados; pero lo cierto es que en la primera fase de la vida monбstica los monjes se vieron precisados a subvenir directamente a sus necesidades mediante el trabajo propio. Sin embargo, cuando las comunidades se desarrollaron los monjes hicieron trabajar para ellos a sus siervos y esclavos.
    
La Iglesia, en general, no estaba en condiciones de explotar por sн misma los bienes adquiridos por los diversos procedimientos antes mencionados, que en gran cantidad vinieron a engrosar su patrimonio. En muchos casos, razones de нndole econуmica no aconsejaban a la Iglesia su explotaciуn directa, debido a que las donaciones que se le hacнan en gran cantidad de muchas pequeсas parcelas habнan creado una propiedad diseminada. De ahн que buena parte de ellas se entregasen para su explotaciуn a otras personas, con lo cual de antemano existieron las condiciones naturales para la implantaciуn de las formas de economнa propias del gran dominio seсorial. De esta suerte la Iglesia ingresу desde muy pronto en el rйgimen de seсorнo. En los ъltimos tiempos del Imperio Romano otorgу numerosas concesiones de tierra, unas por tiempo limitado, otras con carбcter hereditario y las demбs en aparcerнa.
    
Por otra parte, entre los siglos VI y X la Iglesia hizo numerosas adquisiciones de esclavos que le eran donados junto con las tierras. Este gйnero de donaciones continuу durante toda la Edad Media; pero con menos frecuencia que en ese perнodo. Entre los siglos X y XIII abundaron los casos de individuos que se daban ellos mismos como siervos a los establecimientos religiosos; la mayorнa eran libres y lo hacнan voluntariamente. En la mayor parte de los casos esta sumisiуn voluntaria de la libertad personal a la Iglesia llevaba consigo la enajenaciуn en favor de la misma de los bienes del nuevo siervo eclesiбstico.
    
Las circunstancias mencionadas explican que las instituciones monбsticas, aun en los tiempos primitivos del gran entusiasmo religioso, no dejasen de usar y de explotar la mano de obra servil. En los siglos V y VI, segъn el benedictino Besse, los monjes recurrнan a los servicios de jornaleros, y agrega que otros domйsticos y esclavos tenian a su cargo los trabajos mбs duros. El uso de trabajadores asalariados y de esclavos se habнa generalizado en esa йpoca en los monasterios ricos que poseнan vastas extensiones de tierras. Hablando de la vida monбstica en el siglo XI, dice el mismo autor: "No se dedicaban todos los religiosos indistintamente a las mismas tareas, sino que se tenнan en cuenta el vigor y las aptitudes de cada uno. Los analfabetos eran capaces de soportar una tarea mбs larga y mбs pesada que los otros, hacнan las diligencias en el exterior para el servicio de la casa, realizaban los trabajos mбs pesados que exigнan brazos vigorosos y una gran resistencia a la fatiga. Debнan ser los jornaleros (hommes de peine) de la comunidad." y completa esta informaciуn agregando mбs adelante: "Los trabajos agrнcolas mбs duros no los hacнan ordinariamente los monjes de acuerdo con la misma regla benedictina."
    
San Agustнn, en su tratado De Opere Monachorum.. distingue claramente la obligaciуn del trabajo manual segъn la condiciуn social de los monjes. Debнan dedicarse a йl los que antes habнan sido esclavos y agricultores o artesanos, porque de lo contrario, opinaba el obispo de Hipona, se corrнa el riesgo de que esa clase de personas considerasen la vida monбstica como una gran ventaja sobre su vida anterior y no como una penitencia. Los monjes de distinta condiciуn social, es decir, los ricos, podнan dedicarse al trabajo manual, pero no debнan ser forzados si tenнan aversiуn por йl. La opiniуn de San Agustнn fue adoptada por Santo Tomбs, quien en йste como en tantos otros puntos de su doctrina, se inspira en los escritos de aquйl.
    
Este criterio de la Iglesia respecto al reclutamiento de la mano de obra para las explotaciones de sus bienes es la consecuencia inevitable de la estratificaciуn de sus componentes en diversas clases sociales, en forma similar a la organizaciуn jerбrquica de la sociedad civil una vez que la Iglesia se enriqueciу.
    
Desde la invasiуn de los bбrbaros las castas dominantes, tanto de los vencedores como de los vencidos, encontraron fбcil acceso a los grados superiores de la jerarquнa eclesiбstica, tanto de la clerecнa secular como de las instituciones monбsticas. "Con el desarrollo de la organizaciуn episcopal la Iglesia Catуlica no sуlo habнa adquirido un carбcter aristocrбtico, sino que sus representantes materiales, los jefes eclesiбsticos, desde la йpoca romana se habнan transformado en grandes seсores territoriales. Precisamente estos obispos pertenecнan a familias aristocrбticas romanas y por ello disponнan de antemano de grandes propiedades rъsticas... Por otra parte se dio en el siglo VI el caso de que condes y dignatarios palatinos fuesen especialmente apoyados por el rey y la reina en las elecciones de obispos y que obtuvieran el cargo gracias a esta recomendaciуn", dice Alfonso Dopsch.
    
La gran participaciуn de la nobleza feudal en las instituciones monбsticas ha sido seсalada por varios autores. Edgard Boutaric dice que en el sur de Francia la mayorнa de los obispos y abades pertenecнan a familias nobles y cita numerosos ejemplos de su turbulencia y otros atropellos. Un autor inglйs que ha estudiado la historia interna del monaquismo medioeval llega a la conclusiуn de que el personal de los monasterios de monjas inglesas "era reclutado casi totalmente entre las clases ricas. Eran esencialmente instituciones aristocrбticas", y seсala expresamente la exclusiуn de las mujeres pobres que, dice el mismo autor, sуlo eran admitidas en calidad de conversas. La literatura alemana sobre el tema contiene referencias anбlogas. Tambiйn los textos legislativos de la Espaсa medioeval denuncian los sentimientos nada evangйlicos de los prelados feudales del paнs, y un adagio popular espaсol revela que los segundones de las casas nobles, cuyo patrimonio se vinculaba al primogйnito por la instituciуn del mayorazgo, debнan optar por ingresar al servicio de la Iglesia, de la corte o de las instituciones armadas: "Iglesia, mar o casa real".
    
Montalembert se complace en seсalar que la mayor parte de los fundadores de уrdenes religiosas y la mayorнa de los abades pertenecнan a la nobleza feudal.
    
El modo como los nobles entendнan la vida religiosa aparece claramente en la organizaciуn de las уrdenes religioso-militares de los Templarios y en los hechos que constituyen su historia. En la Orden del Temple existнan dos clases de religiosos: los frйres de convent y los frйres de metier: los primeros eran nobles, los segundos "eran de un rango inferior, constituнan el personal domйstico y agrнcola de las encomiendas; solamente ellos se dedicaban al trabajo manual". Estos miembros de la Orden procedнan de la clase de los trabajadores rurales y llegaron a sumar los nueve dйcimos del total de los monjes que la componнan.
    
Se habнa creнdo que este tipo de organizaciуn monбstica era exclusivamente propia de los Templarios, tal vez atribuyendo excesiva importancia al carбcter militar de la congregaciуn; pero el estudio del funcionamiento de la producciуn monбstica en las demбs уrdenes no autoriza tal distinciуn. Segъn Fleury fue San Juan Gualberto, en el monasterio de Valombrosa, quien habнa destinado al trabajo manual una clase especial de monjes fundбndose en que йstos eran analfabetos y que no podнan desempeсar el servicio del culto. Estos monjes fueron con el tiempo llamados conversos. Si su condiciуn de clйrigos puede haber sido controvertida por algunos canonistas que los consideraron laicos, su existencia se comprueba en todas las уrdenes y sus funciones han sido las mismas que las de los frйres de metier entre los Templarios.
    
Segъn el benedictino Berliere los conversos y sirvientes constituнan con frecuencia una fuerza importante en los grandes monasterios. La abadнa de Villers, en Brabante, con sus diez mil hectбreas y sus mil doscientos censatarios, sostenнa en el siglo XI a cien monjes y a trescientos conversos. Estos datos nos indican que los monjes verdaderamente pertenecientes al orden monбstico y que segъn las reglas canуnicas debнan llevar una vida perfecta que en la prбctica expresaba la vida ociosa de la nobleza monacal, eran una pequeсa minorнa en relaciуn con la cantidad de trabajadores que sostenнan la vida de los monasterios. "Los conversos", dice D'Arbois de Jubainville, "que se reclutaban entre la desgraciada poblaciуn rural, encontraban a menudo en los monasterios una mejorнa de sus condiciones materiales de vida."
    
Y aunque, como hemos visto, se trataba de justificar la divisiуn jerбrquica en la incapacidad de los conversos analfabetos para los trabajos encomendados a los monjes, es lo cierto que la regla monбstica adoptaba todas las precauciones necesarias para fomentar la ignorancia entre las clases mбs modestas. Asн, el Usus Conversorum prescribнa la ignorancia de los conversos: "Ninguno", dice, "debe tener libros ni aprender nada fuera del Padrenuestro, del Credo y del Miserere, y de lo que se ha establecido para ellos; y esto deben aprenderlo de memoria, no por libros." Esta prescripciуn se completaba con otras no menos rigurosas que establecнan que ningъn niсo pudiese recibir instrucciуn en las abadнas, si no era monje o novicio, o pasaba de quince aсos de edad.
    
Siempre de acuerdo con la filosofнa monбstica generalmente aceptada, Fleury, el historiador catуlico que ha tratado con mayor franqueza estas cuestiones, hace la siguiente reflexiуn: "Esta distinciуn entre los religiosos ha sido una gran causa de relajamiento. Los monjes del coro, considerando a los hermanos legos como inferiores, los han considerado ignorantes y rъsticos, destinados a realizar servicios subalternos y ellos mismos se han considerado como seсores, pues no otra cosa significa el tнtulo de don, abreviatura de dуminus o domus que en Espaсa y en Italia se aplicaba a los nobles y que a los monjes se aplicу a partir del siglo XI."
    
Esta forma de explotaciуn de los bienes abaciales por conversos sometidos a un rйgimen de vida inferior al de los monjes parece haber sido la dominante hasta la segunda mitad del siglo XIII. En esta centuria y durante la siguiente entraron en decadencia econуmica las abadнas cistercienses; los conversos desaparecieron de las explotaciones y se pasу al sistema de arrendamientos. En lugar de esta mano de obra unida a las instituciones monбsticas por el voto religioso y sometida a una disciplina especial, predominaron los censatarios unidos a las mismas por simples lazos contractuales puramente econуmicos y jurнdicos.
    
Esta transformaciуn que se registra en el rйgimen de explotaciуn de los bienes de la Iglesia se produce paralelamente a la transformaciуn similar que en la misma йpoca se refleja en la explotaciуn de la demesne seсorial. La sustituciуn del cultivo directo por el arrendamiento fue provocada, como hemos visto en capнtulos anteriores, por el desarrollo de la economнa monetaria.
    
En la misma йpoca se registra en las instituciones eclesiбsticas la penetraciуn de la burguesнa naciente que, como en la vida civil. empieza a desplazar a la nobleza de su posiciуn preponderante. A fines del siglo xv la mayorнa del episcopado francйs se reclutaba entre las familias de la burguesнa legista y financiera. En la misma йpoca se exigнan tнtulos universitarios al clero de segundo grado. Casi todos los jefes del clero eran entonces hombres de negocios y hombres de leyes. Durante el siglo siguiente el contraste de clases en el seno de la Iglesia reproducнa exactamente el estado de cosas existente en la sociedad civil: en los puestos superiores una oligarquнa inъtil y a menudo perjudicial devoraba las rentas eclesiбsticas, mientras en la base de la pirбmide jerбrquica contrastaba con esta plutocracia clerical la pobreza de los curas parroquiales.
    
En Espaсa, una de las acusaciones frecuentes de las burguesнas concejiles contra los judнos antes de 1492 era precisamente la de intrusiуn de los capitalistas de esta raza en la economнa eclesiбstica. El texto mбs explнcito es del aсo 1469 y dice que "muchos perlados y otros clйrigos arriendan sus rentas e diezmos a ellos pertenecientes a judнos e moros e entran en las iglesias a partir los diezmos e ofrendas en gran ofensa e injuria a la Iglesia..." 

 

         7. Administraciуn de los bienes de las abadнas 

     El contenido de la economнa monбstica era por su forma de administraciуn totalmente distinta del de la seсorial; era un sistema econуmico autуnomo. La economнa monбstica ha sido una organizaciуn del trabajo colectivo bajo una direcciуn ъnica, con reglas precisas de disciplina, con fines de apropiaciуn en comъn, fundado en la limosna. La economнa seсorial fue, por el contrario, un conglomerado de productores sin direcciуn, anбrquico en cuanto al orden de la producciуn que se hacнa con fines de apropiaciуn seсorial y se fundaba en los medios feudales de adquirir. La formaciуn de la riqueza, la participaciуn de los productores, el contenido contractual de los lazos que unнan a йstos y el proceso de descomposiciуn que los condujo a la ruina han sido en una y en otra economнa totalmente diferentes. El castillo feudal era el centro de acciуn o de reposo del seсor depredador y del consumidor magnнfico; la economнa monбstica era especialmente una organizaciуn de producciуn.
    
Cada abadнa era una unidad econуmica sin relaciуn de dependencia con las demбs de la Orden. Incluso los prioratos, que generalmente dependнan en forma mбs estrecha de alguna abadнa, tenнan su presupuesto independiente, administraban de modo autуnomo sus recursos y colocaban directamente los sobrantes de sus capitales. Solamente a veces estaban obligados a pagar un censo a la abadнa de que dependiesen. Es cierto que las abadнas se ayudaban a veces unas a otras en caso necesario; pero esto prueba la independencia del patrimonio de cada casa. Sin embargo, no existнa una caja comъn en cada monasterio, con cuyos fondos se atendнan a los diversos servicios del mismo, sino que a cada servicio se le asignaba una parte de los capitales colocados: determinados inmuebles, determinadas rentas se adscribнan de una manera definitiva a la despensa o al limosnero y de esta manera el conjunto de los servicios se encuentra asegurado por una organizaciуn sumamente sencilla, la distribuciуn de los recursos sin una administraciуn central. Es como si hoy, dice Genestal, cada ministerio tuviese expresamente asignados los recursos de impuestos determinados y exclusivos o los impuestos percibidos en determinadas partes del territorio.
    
Estos servicios diversos, juntamente con la dotaciуn que les estб asignada, constituyen lo que se llaman los oficios, cada uno de los cuales estб dirigido por un oficial que lleva el nombre adecuado a sus ocupaciones. Estos nombres varнan de un monasterio a otro y las mismas funciones no llevan el mismo nombre en todas partes, asн como las diversas ramas de la administraciуn no estбn siempre distribuidas de la misma forma entre los oficiales. Por ejemplo el vestuario estб encomendado al camerarius en Sainte Catharine de Rouen, al secretario en En y al elemosinarius en .Jumieges. Por otra parte, los servicios son mбs o menos numerosos segъn la importancia de cada monasterio y algunos servicios pueden incluso faltar completamente.
    
Este sistema de administraciуn descentralizada dio lugar a abusos de parte de los beneficiarios de los oficios, puesto que con el tiempo dejaron de considerarse simples administradores y se apropiaron las rentas adscritas al oficio con la sola carga de pagar los gastos de йste.
    
Para Normandнa el siglo XIII parece ser el perнodo de transiciуn del sistema de oficio al de beneficio. Los registros episcopales de la diуcesis permiten observar este proceso de conversiуn, porque constantemente el arzobispo reitera a los oficiales la necesidad de llevar cuenta escrita, y rendir cuenta de gastos de los fondos confiados al abad, ayudado por una comisiуn de monjes. La reiteraciуn de la orden demuestra que no era observada.
    
Es evidente que, jurнdicamente al menos, en esta йpoca los bienes estбn aъn afectos al oficio y no al oficial; pero si no rinde cuentas serб suficiente que pague los gastos del oficio y no se le pedirб cuenta del excedente de las rentas, si lo hay. De hecho se encuentra en la situaciуn del clйrigo secular al que se le concede el beneficio como retribuciуn de sus funciones, como sueldo podrнamos decir .
    
En realidad hay desde entonces beneficios regulares como los hay seglares. Parece que el obispo de Normandнa luchу sin йxito contra este estado de cosas.
    
La historia de los benedictinos se presenta como ejemplo clбsico de la historia monбstica por su larga duraciуn, por la importancia que en todo tiempo ha tenido la Orden y porque las normas administrativas establecidas en su regla han servido de modelo o han sido simplemente adoptadas por las demбs instituciones monбsticas. Segъn las crуnicas de Cluny, en el siglo XII mбs de dos mil establecimientos diversos entre prioratos, monasterios e iglesias dispersos por Europa prestaban acatamiento a la central cisterciense. A fines de la Edad Media se calcula que existнan en Francia seiscientas abadнas benedictinas con sus casas filiales respectivas y que alcanzaban a formar las ocho dйcimas partes del total de los monasterios y prioratos franceses. Todas estas instituciones estaban principalmente situadas en el norte y centro de Francia.
    
En 1151 el Capнtulo General del Cister dispuso que no se fundaran nuevos monasterios, porque el nъmero de los que entonces tenнa la Orden, con solamente medio siglo de existencia, ya era de quinientos establecimientos religiosos. Sin embargo, parece que el nъmero de abadнas no dejу de aumentar y se anotan las cifras de 530 y 694 establecimientos que acataban la disciplina cisterciense en los aсos finales de los siglos XII y XIII, respectivamente.
    
Parece que el gran impulso de creaciуn y dotaciуn de monasterios nuevos no se registra ya en el siglo XIII. Los siglos XI y XII son los que han visto nacer en suelo normando la mayor parte de los monasterios que existнan hasta la revoluciуn. En el siglo XIII las abadнas existentes siguen viviendo, pero su patrimonio no aumenta como aumentу en йpocas anteriores en extensiуn considerable.
    
El estudio que ha hecho el jesuita E. De Moreau sobre la vida econуmica de la abadнa cisterciense de Villers, en Brabante, durante la йpoca del apogeo de la Orden, nos permite formular una idea bastante satisfactoria de la importancia que ha podido tener cada uno de esos establecimientos religiosos en la economнa medioeval. Las tierras de dicha abadнa alcanzaban una extensiуn de diez mil hectбreas. En 1272, por medio de los sistemas de crйdito establecidos, unas doscientas setenta y nueve personas recibнan rentas y pensiones de esta instituciуn. Unos 1200 censatarios, en su mayorнa pequeсos agricultores, dependнan del dominio eminente que la abadнa conservaba sobre su tierras.
    
Los monasterios cistercienses debнan ser fundados lejos de los lugares habitados, como estaba prescrito en el artнculo 1є de sus estatutos, y esta particularidad era muy adecuada para favorecer su acciуn colonizadora. Es muy probable que se eligieran con preferencia los puntos de intersecciуn de las grandes vнas de comunicaciуn entre los centros poblados, tanto por la necesidad de medios fбciles de transporte para expedir hacia los mercados urbanos el excedente de la producciуn monбstica como con el fin de atraer a los peregrinos que visitaban las reliquias, cuyas donaciones constituнan en las abadнas una fuente importante de recursos.
    
El predominio de tierras incultas, provenientes de familias nobles en la mayorнa de los casos, entre las donaciones que formaban el nъcleo primitivo del patrimonio de la abadнa de Villers, permite suponer que las prescripciones de los estatutos sobre la situaciуn aislada de los monasterios no se inspiraron solamente, como cree Moreau, en el deseo de encontrar la paz y el recogimiento. Aquellas donaciones, sin duda procedentes de grandes propietarios de tierras que solamente tenнan un valor de uso, debieron ser hechas con el fin de valorizar las restantes una vez que la obra colonizadora monбstica empezara a dejar sentir su efecto en la religiуn. Los redactores de los estautos debieron calcular esta colaboraciуn interesada de los propietarios viendo en la situaciуn excйntrica de los monasterios el medio indicado de tener la base territorial gratuita para fundarlos o de extender tambiйn gratuitamente la que ya poseнan.
    
La distancia de dos leguas que, de acuerdo con los estatutos, debнa existir entre cada una de las explotaciones monбsticas autуnomas, contribuнa tambiйn a extender el radio de acciуn de esos establecimientos en la economнa rural. Tanto esa prбctica como el azar de las donaciones explican la dispersiуn de las tierras que se observa con frecuencia en los inventarios de los bienes que las abadнas poseyeron.
    
La influencia de los monasterios en la colonizaciуn de Europa y su importancia en la economнa agrнcola precapitalista es un hecho superabundantemente probado; pero la acciуn no fue menos decisiva para la formaciуn de centros urbanos. En Parнs, por ejemplo, las poblaciones primitivamente reunidas en torno de las iglesias y conventos desempeсaron un papel principal en la formaciуn de la ciudad. Fueron esos centros los que extendieron los lнmites urbanos.
    
En otro lugar de este mismo capнtulo queda establecido que a partir del siglo XIII la explotaciуn directa de los bienes de las abadнas, que hasta entonces se hacнa fundamentalmente con el trabajo de los conversos, se sustituyу por las formas jurнdicas de arrendamiento, aparcerнa y censo. En la misma fecha se registra una disminuciуn de la cantidad de bienes inmuebles que durante la Edad Media afluyeron prуdigamente a engrosar el patrimonio de las mismas. Pero el desarrollo ulterior de la vida econуmica de las abadнas no siguiу la misma lнnea de descomposiciуn que siguieron los seсorнos laicos en un proceso que estudiamos separadamente en esta obra. Las abadнas, y en general lo mismo puede decirse de todas las instituciones eclesiбsticas, conservaron su patrimonio durante toda la Edad Moderna, salvo en los paнses en que la influencia de la Reforma condujo a los gobiernos a secularizar y vender los bienes de la Iglesia. Tal sucediу en Inglaterra y en Alemania en el siglo XVI. Pero en los paнses donde triunfу la Contrarreforma, tales como Espaсa y Francia, la Iglesia no perdiу su posiciуn predominante, salvo en la medida en que en cada uno de ellos el poder polнtico pasу a manos de gobiernos liberales y laicos, siguiendo el ejemplo de Francia, donde la nacionalizaciуn de los bienes de la Iglesia representa uno de los capнtulos culminantes de la historia de la revoluciуn de 1789. En el curso del siglo XIX, y en la medida en que los gobiernos de la burguesнa se establecieron en cada paнs donde el problema de la acumulaciуn de tierras por la Iglesia era una realidad viva, se vieron en la necesidad de secularizar, nacionalizar y poner en venta йstos, apremiados por la necesidad de poner en circulaciуn la ingente masa de bienes raнces amortizados en manos muertas que los explotaban en forma rudimentaria, eludнan el pago de impuestos y representaban ademбs una base de resistencia polнtica de las fuerzas feudales que obstruнan el desarrollo del paнs desde el punto de vista polнtico y econуmico.
    
Pero con carбcter general puede establecerse que, como quiera que el desarrollo de las fuerzas liberales fue dйbil durante el siglo XIX en los paнses que entonces iniciaron la revoluciуn democrбticoburguesa, la Iglesia no fue expropiada de modo radical; en algunos paнses perdiу alguna parte de su patrimonio, en otros se vio obligada a vender sus bienes inmuebles y a invertir el importe de la venta en determinada clase de valores pъblicos; pero en casi todos los casos conserva aъn una buena parte de su tradicional poder econуmico y polнtico, salvo en aquellos paнses que han desarrollado substancialmente la revoluciуn democrбticoburguesa y que se orientan hacia la construcciуn del socialismo. La experiencia histуrica demuestra que la disoluciуn del patrimonio de la Iglesia sigue un desarrollo paralelo al desarrollo general de la revoluciуn democrбticoburguesa de cada paнs; y esto es asн porque los bienes de la Iglesia son la base de la fuerza polнtica de la misma, cuya liquidaciуn es uno de los objetivos peculiares de la revoluciуn democrбticoburguesa. 

 

         8. Las abadнas como instituciones de crйdito durante la Edad Media 

     La doctrina de la Iglesia sobre la usura, durante la Edad Media, figura en lugar prominente en cualquier historia de las doctrinas econуmicas referentes a aquel perнodo. En su forma genuina fue expuesta por Gregorio Nazianceno y por Ambrosio de Milбn. Gregorio advertнa a los fieles que no debнan buscar ganancias del oro ni de otros metales preciosos, es decir, de objetos que no pueden dar frutos. En la Iglesia Romana, Ambrosio de Milбn formulу la doctrina que proclamу la Iglesia durante mil aсos. Segъn la teorнa eclesiбstica, asн formulada, lo que acrece al capital constituye usura. La doctrina estaba fundada en el supuesto de justicia social segъn el cual en las condiciones de la economнa primitiva la mayor parte de los prйstamos lo eran de consumo y en tales casos el prestatario estб siempre en peor situaciуn al fin que al principio de contraer el prйstamo.
    
Pero el valor de esta actitud, al parecer severa, de la Iglesia contra la usura, debe ser revisado tanto por lo que respecta a su originalidad como a su eficacia. En primer tйrmino debe establecerse, sobre la base de pruebas que son del dominio general en la historia de la economнa, que la prohibiciуn de la usura no sуlo no representa una posiciуn peculiar y exclusiva de la Iglesia, sino que es tan antigua como la usura misma.
    "
La teorнa de la usura fue formulada por los antiguos filуsofos griegos y romanos por una parte y por los teуlogos judнos y cristianos de otra", dice Edgard Sabin, y el mismo autor registra ademбs los siguientes antecedentes histуricos de la prohibiciуn: La primera prohibiciуn de la usura se encuentra en el cуdigo mosaico (levнtico.. XIV: 36 y deuteronomio.. XLII: 20). La restricciуn se aplicaba solamente a los judнos. De los extranjeros se podнa tomar interйs. En el aсo 324 a. C. se promulgу en Roma una ley que prohibнa todo pago de intereses (lex genucia) que aunque no se sabe que fuese abolida alguna vez, se sabe en cambio que nunca fue aplicada. Los antiguos filуsofos de Atica adoptaron asimismo una actitud negativa hacia la usura. La razуn de esta actitud, que a su vez inspirу la doctrina de los teуlogos sobre la usura durante la Edad Media, estб basada en el punto de vista de Aristуteles respecto a la naturaleza del dinero. El estagirita sostenнa que el dinero es un objeto inorgбnico que se emplea como medio de cambio y que por lo tanto no puede producir dinero. Quien pide dinero por el prйstamo de dinero hace que йste engendre dinero a su vez y actъa por lo tanto contra las leyes naturales, decнa Aristуteles.
    
Pero la realidad histуrica revela tambiйn que las prohibiciones dictadas contra la usura en el Viejo Testamento no tuvieron mбs efectividad que la ley genucia entre los romanos.
    
Un examen mбs detenido de esta cuestiуn, enfocada en el cuadro general del problema del crйdito, tal como йl se manifiesta en el curso del largo proceso histуrico de las sociedades precapitalistas, nos lleva a la conclusiуn de que estas reiteradas leyes prohibitivas de la usura son reflejo de la presiуn de la gran masa de deudores agobiados por el peso de sus deudas usurarias que han constituido el problema central de todas las sociedades precapitalistas sin excepciуn. Este problema ha provocado tambiйn leyes similares que desde el cуdigo de Hamurabi hasta las Leyes Licinias en Roma han tratado de reducir los siempre elevados tipos de interйs o los efectos de la insolvencia de los deudores sobre la libertad de los mismos. Todas estas leyes prohibitivas de la usura, o limitadoras del interйs, parecen evocar como fundamento de su contenido aquella fase que en forma convencional podrнamos llamar edad de oro del crйdito de las sociedades primitivas en las que el cambio de presentes representaba la unica transferencia de riqueza entre los miembros de un mismo grupo tribal.
     
Pero la ineficacia de todas estas leyes prohibitivas, o limitadoras del interйs, o simplemente protectoras de los deudores insolventes, ha sido constante en el curso histуrico del proceso que estamos estudiando, como lo revela la necesidad permanente de su reiteracciуn. y ciertamente que la prohibiciуn decretada por la Iglesia no ha sido excepciуn a esta regla general.
    
Ademбs, en el caso de la Iglesia la ineficacia de la prohibiciуn es tanto mбs notoria cuanto que puede establecerse como supuesto admitido sin discusiуn, incluso por los historiadores catуlicos, que los monasterios han sido, con los judнos y los lombardos, la base del crйdito medioeval.
    
Al prohibir el prйstamo con interйs, dice Genestal, y al hacer mencionar esta prohibiciуn en las leyes civiles, la Iglesia no ha matado el crйdito en la sociedad de la Edad Media. En primer tйrmino, el prйstamo con interйs puro y simple ha subsistido siempre a pesar de la doctrina eclesiбstica, practicado sobre todo, pero no exclusivamente, por los judнos y lombardos. Por otra parte, junto al prйstamo a interйs propiamente dicho, se desarrollaron otras formas de crйdito mediante las cuales los detentadores de capital mobiliario, entonces como hoy, buscaban el empleo mбs lucrativo mediante el cual poner su dinero a disposiciуn de quienes tenнan necesidad de йl y podнan pagar una retribuciуn por el mismo. Entre estos capitalistas -si la palabra no resultase demasiado anacrуnica -hay que considerar en primer tйrmino los monasterios donde las rentas del suelo se acumulaban con abundancia y regularidad mбs que en ninguna otra parte. La Iglesia no solamente absorbнa las rentas de sus propias tierras y los bienes en especie o en metбlico de los fieles, sino que cobraba ademбs el diezmo de todas las tierras y productos agropecuarios. Los capitales asн acumulados como rentas y excedentes del consumo monбstico fueron la base del crйdito desarrollado en las abadнas que operaban mediante formas legales que apenas disfrazaban su carбcter de prйstamo con interйs, generalmente de carбcter usurario.
    
Genestal, que ha estudiado el problema en Normandнa, divide en dos clases las operaciones crediticias desarrolladas por los monasterios normandos entre mediados del siglo XI y los primeros aсos del XIII: eran la mort gage y la vif gage. El primero era un prйstamo con garantнa hipotecaria sin interйs aparente; el segundo producнa interйs. En la mort gage) mientras el prestatario no reembolsaba el prйstamo, el prestamista recogнa el producto del inmueble dado en garantнa y retenido por el acreedor, sin que en caso alguno tales frutos pudiesen computarse al capital cuya devoluciуn нntegra es la condiciуn indispensable para que el deudor recuperase el inmueble al vencimiento del plazo convenido, nunca antes del mismo. Los plazos mбs usuales de la duraciуn de las operaciones de mort gage oscilaban entre dos y veinte aсos. Por el contrario, la vif gage no produce normalmente beneficio, puesto que los frutos habidos, si bien son igualmente percibidos por el prestamista, йste debe imputarlos al capital. Asн, pues, cuando las abadнas no pedнan al prestatario mбs que una vif gage hacнan una operaciуn de beneficencia, pero cuando exigнan una mort gage hacнan una inversiуn lucrativa del capital. El papa Alejandro III (1158-1181) ordenу que los frutos percibidos por el acreedor se imputasen en todo caso al capital. Esta decretal que iba dirigida a los clйrigos y principalmente a los religiosos calificу de usurario el contenido de la operaciуn de mort gage; pero su promulgaciуn pone de manifiesto que hasta aquella fecha nada habнa dispuesto la Iglesia contra la licitud de la operaciуn.
    
En el perнodo que abarca el estudio realizado por Genestal en Normandнa la mort gage ha sido mucho mбs frecuente que la vif gage. Segъn Lamprecht el prйstamo con garantнa era casi la ъnica forma conocida y esta forma la adoptaban todas aquellas operaciones que sin ellas habrнan adoptado la de prйstamo a interйs. Por lo que se refiere a Normandнa, M. L. Delisle ha afirmado, a la vista de gran cantidad de documentos, que la mort gage ha sido de uso mucho mбs general que la vif gage. La razуn de ello es que йsta resulta un prйstamo gratuito que sуlo encuentra aplicaciуn en un cнrculo limitado de parientes y amigos, y aun asн en casos muy raros.
    
Por su naturaleza la mort gage contiene un prйstamo de consumo que no ha servido mбs quй a los ricos, puesto que tenнan que desprenderse de su tierra y porque las cantidades prestadas resultaban de cierta importancia. De un cuadro de veinte operaciones examinado por Genestal resulta que mбs de la mitad de las prestaciones excedнan de diez libras y que los prйstamos de sumas inferiores a una libra son raros. No puede precisarse, dice el mismo autor, el poder adquisitivo de estas sumas y agrega como base de referencia que todo el diezmo del alodio de un vir illustris estaba comprometido por cincuenta sous y que segъn las cartas del cartulario de la Trinitй du Mont de Rouen (siglo XI) un acre de tierra valнa de uno a cinco sous.
    
Respecto a la tasa del interйs, de varios ejemplos examinados por Genestal йste llega a la conclusiуn tipo siguiente: una tierra que tiene un valor de venta como 100 produce 10. El acreedor que la toma en garantнa no da mбs que 66.66; coloca por lo tanto su dinero a 10 por 66, o sea, a quince por ciento. Tal serнa el tipo de interйs cobrado hoy en condiciones anбlogas. Resultarнa un prйstamo muy oneroso, puesto que produce un interйs elevado ademбs de la renta ordinaria del capital.
    
Estudia Genestal a continuaciуn los problemas relativos a las causas que provocaban el prйstamo y dice que algunas cartas mбs explнcitas respecto a los motivos indican principalmente dos clases de ellos: la situaciуn embarazosa del deudor y su partida para una expediciуn lejana, principalmente el primero. En el segundo caso se registra con frecuencia la expediciуn para las Cruzadas.
    
Como garantнas del prйstamo con mort gage se encuentran afectadas tierras, iglesias, molinos, diezmos, derechos de mercado y prebendas.
    
En la primera fase de la historia de la operaciуn de mort gage se necesitaba el consentimiento del seсor, que habitualmente lo concedнa mediante un precio; pero en Normandнa y en los siglos XI y XII regнa la costumbre de fijar el precio de tal consentimiento, aunque todavнa el seсor podнa negarlo. El siglo XII representa el perнodo de transiciуn entre la necesidad rigurosa del consentimiento, que puede ser negado, y la simple obligaciуn del pago de un derecho de mutaciуn.
    
La naturaleza econуmica y jurнdica de la garantнa representada por la mort gage es sustancialmente anбloga a la que representa la venta con pacto de retrocesiуn. El acreedor presta siempre una cantidad inferior al valor del inmueble y por lo tanto no tiene interйs en que se le reembolse el capital porque en ъltimo tйrmino se convierte en dueсo del inmueble garantнa. Y en la generalidad de los casos, aunque йste sigue siendo teуricamente recuperable mediante el pago de la deuda, la realidad es que en caso de insolvencia existнa una prescripciуn que anulaba ese derecho. En algunos contratos esta dificultad se resolvнa simplemente estipulando que en dicha eventualidad la tierra quedaba de la propiedad del monasterio. En la prбctica este contrato era mucho mбs oneroso para los deudores que la hipoteca moderna. Aunque parece que les proporcionaba la posibilidad de negociar la diferencia entre su deuda y el valor de la propiedad, con terceros y con las mismas abadнas, en todo caso su posiciуn era muy desfavorable para que no sufrieran perjuicio en esas negociaciones; las abadнas podнan negarles todo pago por diferencias para llegar a obtener la propiedad por prescripciуn; asн es como todas las transacciones se consumaban ordinariamente con un cambio de la propiedad de la tierra mediante la cesiуn al monasterio de una parte de la finca.
    
El estudio que ha hecho Genestal de las consecuencias que la mort gage otorgada a favor de los monasterios produjo en la propiedad de los nobles, comprueba que la misma resultaba una forma de crйdito muy oneroso y muy peligroso que frecuentemente conducнa a la pйrdida del inmueble grabado. Es asн como en la prбctica la mort gage era al mismo tiempo una operaciуn de crйdito usurario y una forma de adquisiciуn de inmuebles. їA partir de quй fecha comienzan a hacerse operaciones de mort gage? Los primeros documentos que poseemos datan del siglo X. Pero la mort gage era usada y conocida en el perнodo franco y no hay razуn para suponer que las abadнas hayan dejado de practicarla. Seguramente las invasiones normandas produjeron la desolaciуn de Bretaсa y Normandнa y arruinaron los establecimientos religiosos, los cuales durante algъn tiempo no tuvieron seguramente capitales que colocar; pero desde que en el siglo X lб protecciуn de los duques de Normandнa, su prodigalidad y la prodigalidad de sus nobles llevaron a la Iglesia seguridad y riqueza, todo parece suponer que los viejos usos volvieron a adquirir vigencia general.
    
Desde comienzos del siglo XIII las abadнas normandas empezaron a usar una forma de crйdito muy diferente: los contratos de renta perpetua. Esta clase de contratos constaba de dos categorнas: la renta territorial o censo reservativo consistente en el pago de una renta en cambio del usufructo de un inmueble; la renta constituida o censo consignatario consiste en un prйstamo garantizado por un inmueble cuyas rentas se afectan al pago de los rйditos.
    
Si se tiene en cuenta que se trata de obligaciones no redimibles -de ahн su nombre de perpetuasy que siempre significaban para el deudor, ya fuese que recibiera una tierra en usufructo o un capital, el pago periуdico de una renta fija al acreedor, se comprende que entre las dos clases de rentas existiese, desde el punto de vista econуmico, una similitud casi absoluta.
    
Esta transformaciуn del crйdito es de la mayor importancia, porque nos pone en presencia de las funciones diversas y en apariencia contradictorias que ha desempeсado la economнa eclesiбstica como instituciуn de crйdito en la economнa medioeval. El mort gages habнa sido un emprйstito de consumo y un medio eficaz de apropiaciуn para la Iglesia, en perjuicio de las propiedades de la nobleza; los contratos de renta han sido en cambio un crйdito de producciуn. Como las rentas no implicaban la cesiуn de bien alguno, sino por el contrario la obtenciуn de un capital o de una propiedad, la clientela de los monasterios que antes habнa sido de propietarios medianos y ricos se transformу en clientela de labradores. Durante el siglo XIII, las abadнas normandas, segъn Genestal, mediante la generalizaciуn de este tipo de contratos entre su clientela constituyeron verdaderos bancos agrнcolas.
    
La funciуn del crйdito monбstico era esencialmente rural; las burguesнas urbanas monopolizaban en las ciudades esta clase de operaciones. Las abadнas prestaban dinero a pequeсos productores agrнcolas en un radio de veinte a treinta kilуmetros de sus alrededores. Teniendo en cuenta que йstos se refieren a una de las regiones mбs ricas de Francia y al siglo de mayor poderнo de la Iglesia, y que ignoramos las variantes de la transformaciуn en otras йpocas y regiones, corresponde seсalar aquн la diferencia de estado econуmico y social que significan los contratos de precario que antes hemos estudiado y estos contratos de rentas del siglo XIII; aquйllos producнan, como la mort gage en Normandнa, la absorciуn paulatina de la propiedad particular por la Iglesia; йstos aparecen, por el contrario, favoreciendo la estabilidad y el progreso de los pequeсos propietarios. Para llegar a esta ъltima situaciуn ha sido indispensable que la necesidad de seguridad que originaban los precarios desapareciera o se atenuara y que las instituciones monбsticas alcanzasen a poseer capitales y tierras suficientes para poder realizar tal clase de contratos.
    
La relaciуn cronolуgica entre la funciуn expropiadora y la funciуn de utilidad social del crйdito monбstico debe haberse producido en forma similar en otras regiones y segъn una evoluciуn parecida, todo ello debido, probablemente, a las dos circunstancias seсaladas: la existencia de garantнas suficientes para la propiedad libre y la existencia de capitales acumulados por la Iglesia en cantidad suficiente para mantener esta nueva clase de crйditos. El aumento del valor del suelo debe haber facilitado o acaso sugerido la implantaciуn de la compra de rentas; para que los labradores pudieran gravar sus tierras con el censo consignativo era necesario no sуlo que fuese visible para el prestamista y para el deudor la posibilidad de que la aplicaciуn al cultivo del capital prestado serнa inmediatamente productivo, sino que el mismo inmueble ya tuviese un valor estable y garantizado por la marcha ascendente del precio de las tierras.
    
En su obra sobre la materia Genestal analiza despuйs el empleo posible del capital adquirido a cambio de rentas. A falta de pruebas hace el autor las siguientes consideraciones. Es cierto que no podнan ser entonces muy numerosos los usos posibles del capital en la agricultura, pero se pueden concebir los siguientes:
     Compra de instrumentos agrнcolas. En aquella йpoca йstos eran poco numerosos; el principal era el arado y la carestнa del hierro y la escasa extensiуn de los dominios campesinos no permitнan a todos tener arados, por lo que frecuentemente se asociaban varios para hacer sus labores. Muchos trabajaban a brazo. Deben mencionarse ademбs entre los instrumen. tos agrнcolas el azadуn y el rastrillo.
     Construcciуn de casas-habitaciуn, granjas, hangares, establos, etc.
     Compra de ganado, ya sean bestias de labor o ya sea para el engorde.
    
Entre las utilizaciones enumeradas hay algunas a las que no debemos conceder la importancia que tienen en la actualidad, porque los campesinos podнan hacerlas entonces gratuitamente. Asн, la marga no era transportada lejos del lugar de la producciуn y las margueras eran generalmente bienes comunales o seсoriales, y ya fuese .gratuitamente o ya mediante el pago de una pequeсa cantidad los campesinos podнan obtener la que necesitaban. Otro tanto puede decirse de las construcciones. Poco importantes y casi siempre de madera, las casas y los edificios de la explotaciуn eran construidos por el cultivador mismo. En cuanto a los materiales los podнa obtener el campesino casi en las mismas condiciones que la marga, puesto que el paнs estaba entonces, como lo estб hoy, cubierto de bosques.
    
Queda, pues, como empleo que responde verdaderamente a las necesidades generales la compra de instrumentos agrнcolas y de bestias. Para este. aspecto de la explotaciуn agrнcola se concibe la necesidad del emprйstito; para adquirir un arado, para comprar o reparar instrumentos de hierro, azadas o carretas, donde entraban tambiйn piezas de hierro, o para aumentar el nъmero de sus animales de labor, o para comprar corderos o puercos que enviaba a los pastos comunales, el campesino necesitaba tomar prestado. Esta utilizaciуn fortalecнa, ademбs, la garantнa que buscaba el acreedor o comprador de renta.
    
Despuйs de la Guerra de los Cien Aсos, las tierras asoladas y las villas demolidas, aquйllas no produjeron lo suficiente para pagarlos y los moradores de йstas las abandonaron. 

El crйdito concedido a los cruzados. Ya hemos visto que las operaciones de crйdito garantizadas con mort gage encontraron en las Cruzadas una de sus aplicaciones peculiares. Abundan las pruebas demostrativas de que los nobles, al partir para las Cruzadas u otras expediciones, dejaban sus tierras hipotecadas hasta su vuelta a los monasterios. Importa entonces precisar cуmo funcionaba el crйdito en esas circunstancias y quй consecuencias ha tenido para la riqueza de la Iglesia.
    
Cuando se organizу la primera Cruzada en el aсo 1091 sucediу que los bienes de los cruzados debнan quedar bajo la protecciуn de la Iglesia; en cada diуcesis el obispo se encargarнa de su tutela y velarнa por que fuesen restituidos a sus dueсos. Йsta fue la regla en todas las Cruzadas.
    
Sin embargo, la protecciуn eclesiбstica de esos bienes sуlo fue organizada formalmente por una encнclica de 1145 en la cual se trata de la propiedad y de las deudas de los cruzados. Asн se estableciу un privilegio especial para estos ъltimos en materia de crйdito, que se extendiу a los participantes reales o presuntos en todas estas expediciones, ya fueran contra infieles o contra otros enemigos de la Iglesia.
    
Como cada noble que partнa a la Cruzada tenнa que mantener a sus hombres por su cuenta, ademбs de mantenerse a sн mismo, de acuerdo con los principios del servicio militar feudal, la participaciуn de la nobleza en tales expediciones fue el origen de las frecuentes ventas y enajenaciones de feudos que seсalan todos los historiadores.
    
El privilegio por deudas era por consiguiente una medida importante de la organizaciуn financiera de esas operaciones militares de la Iglesia y tendнa evidentemente a facilitar la incorporaciуn de los nobles a ellas. Al principio tuvo un carбcter excepcional; pero en tiempo de Inocencio III se generalizу a todos los inscritos en cada Cruzada. Ese pontнfice estableciу en 1198 que los cruzados no debнan pagar ningъn interйs por sus deudas durante su ausencia.
    
Los conservadores de privilegios de los cruzados, encargados por el Papa de hacer efectiva la protecciуn de la Iglesia sobre los bienes durante su ausencia, eran generalmente elegidos entre las уrdenes monбsticas. A partir de San Luis esa protecciуn pasу al poder real y las usurpaciones violentas de estos bienes fueron castigadas legalmente. Hacia la misma йpoca tambiйn, alrededor de 1250, empezу a generalizarse en toda forma de contratos de crйdito, venta o locaciуn la clбusula de renuncia al privilegio por deudas, con lo que se evitaban los abusos de parte de los deudores a que habнa dado lugar el privilegio por la forma en que fue organizado por la Iglesia. Todo lo cual nos demuestra que debieron pasar ciento cincuenta aсos desde la fecha de la primera Cruzada hasta que la jurisdicciуn eclesiбstica fue suplantada por el poder real en esta materia, lo que decidiу que aquйlla resolviera soberanamente y teniendo antes que nada en cuenta los intereses de la Iglesia y todas las cuestiones referentes a ella.
    
Los privilegios por deudas concedidos a los inscritos en las Cruzadas proporcionaban a йstos los siguientes beneficios: no pagaban los intereses que adeudaban mientras duraba la expediciуn; gozaban de moratoria para los reembolsos de capitales que habнan recibido en prйstamo y contaban con ciertas facilidades para sus hipotecas antiguas.
    
Pero las facilidades de crйdito no se concedнan a todos: de las ventajas de la moratoria para el reembolso de capitales (rйpit) estaban excluidos el clero inferior y todos los plebeyos, fueran o no libres.
    
La moratoria se aplicaba al principio a las deudas en dinero y solamente a las contraнdas con anterioridad a la expediciуn; su duraciуn fue de un perнodo de dos y hasta tres aсos. Para gozar de ella se exigнa al deudor una garantнa ya fuese en tierras o en rentas; los deudores que no podнan darla no tenнan derecho al alivio. Si existнan dudas sobre la solvencia y el valor de las garantнas ofrecidas, el caso se llevaba a la jurisdicciуn seсorial; pero todo desacuerdo lo resolvнa en ъltima instancia el obispo.
    
Para que esta reglamentaciуn del crйdito fuese eficaz, la Iglesia no tuvo inconveniente en derogar principios importantes del derecho feudal que se oponнan a sus fines. Segъn uno de esos principios ningъn vasallo podнa disponer de sus tierras si no estaba autorizado por su seсor. Como en algunos casos los seсores no se avenнan a conceder la garantнa necesaria al acreedor de un deudor cruzado, vasallo suyo que querнa acogerse a la moratoria, la Iglesia desligу de la necesidad de esa autorizaciуn seсorial a los vasallos que se encontraban en tal situaciуn. Asн, estos ъltimos qъedaron libres de dirigirse a las iglesias y a las personas eclesiбsticas tanto como a los simples fieles para hipotecarles o venderles sus feudos sin que el seсor pudiera en adelante formular reclamaciones. La Iglesia salvaguardaba econуmicamente los derechos de las soberanнas seсoriales reservбndose para si misma los beneficios de las operaciones mбs ventajosas. Los Templarios y los Hospitalarios fueron los que se beneficiaron especialmente de esta clase de hipotecas de la propiedad de los nobles y de las medidas protectoras de los bienes de los cruzados. 

 

         9. Las herejнas medioevales y su significaciуn en la historia de la lucha de clases 

     En su estudio sobre la guerra de campesinos en Alemania, Federico Engels descubre en el fondo social de las herejнas que se manifiestan en los ъltimos tres siglos de la Edad Media y en el primero de la Edad Moderna, una de tantas manifestaciones de la lucha de clases, de anбloga significaciуn que las revoluciones urbanas y las sublevaciones campesinas de la misma йpoca, con cuyos movimientos aparecen siempre confundidos unas y otras herejнas. Los contingentes heterodoxos fueron reclutados, con la excepciуn de un sector de la nobleza que se uniу transitoriamente a los albigenses, entre las clases oprimidas por los sectores dominantes representativos del sistema feudal de producciуn, entre los cuales la Iglesia ocupaba, como vimos, un lugar prominente: "A pesar de las experiencias de fecha reciente", dice Engels, "la ideologнa alemana no quiere ver en las luchas que dieron al traste con la Edad Media sino una vehemente disputa teolуgica. Nuestros ideуlogos no quieren saber nada de las luchas de clases que deciden aquellos movimientos... que no hacen mбs que expresarse superficialmente en la frase polнtica que les sirve de bandera.
     "
Tambiйn en las guerras religiosas del siglo XVI se trataba sobre todo de intereses materiales y de clase muy positivos y estas guerras fueron luchas de clases... El hecho de que estas luchas de clases se realizasen bajo el signo religioso y de que los intereses, necesidades y reivindicaciones, de las diferentes clases se escondiesen bajo el manto religioso, no cambia en nada sus fundamentos y se explica teniendo en cuenta las circunstancias de la йpoca. "La Edad Media se habнa desarrollado sobre la barbarie. Del mundo antiguo no habнa recibido mбs que el cristianismo y una serie de ciudades en ruinas. Como suele pasar en las civilizaciones primitivas, los curas obtuvieron el monopolio de la instrucciуn y la misma instrucciуn tenнa un carбcter teolуgico. El dogma de la Iglesia era al mismo tiempo axioma polнtico y los textos de la Iglesia tenнan fuerza de ley en todos los tribunales. Aun despuйs de crearse el oficio independiente de los juristas, la jurisprudencia permaneciу bajo la tutela de la teologнa. Esta supremacнa de la teologнa en todas las ramas de la actividad intelectual era debida tambiйn a la posiciуn singular de la Iglesia como sнmbolo y sanciуn del orden feudal. Es evidente que todo ataque contra el feudalismo debia primeramente dirigirse contra la Iglesia y que todas las doctrinas revolucionarias, sociales y polнticas, debнan ser en primer lugar herejнas teolуgicas. Para poder tocar el orden social existente habнa que despojarlo de su aureola.
     "
La oposiciуn revolucionaria contra el feudalismo se manifiesta a travйs de la Edad Media segъn las circunstancias siguientes: como misticismo, como herejнa abierta y como insurrecciуn armada. En cuanto al primero se conoce hasta quй punto los reformadores del siglo XVI dependнan de йl: Tomбs Mьnzer le debe mucho."
    
Las herejнas que a partir del siglo XI provocan agitaciones y luchas entremezcladas con las luchas civiles urbanas y con las rebeliones campesinas concentran sus ataques contra la Iglesia mбs por razones econуmicas que dogmбticas. A esta conclusiуn llega Inchausti, un notable especialista sobre la materia, que dice lo siguiente a este respecto: "Nos inclinamos a ver en las herejнas de los siglos XIII y XIV insurrecciones de la pobreza contra la opresiуn clerical y sus medios numerosos de intromisiуn en la vida civil, que se presentaron con la apariciуn de conatos de reforma de la Iglesia secundados por la multitud y debieron estar en estricta correlaciуn con el grado de miseria popular y de penetraciуn de la avidez mercantil en la economнa eclesiбstica. Tanto los partidos de Arnaldo de Brescia, en Italia, como los valdenses de Lyon o los lolardos de Inglaterra se llamaban a sн mismo pobres. El descontento del bajo clero y la avidez de nobles y burgueses por los bienes de la Iglesia han debido contribuir a fomentar estas intervenciones."
    
Es notable la coincidencia de los autores catуlicos con esta apreciaciуn respecto a la significaciуn de las herejнas. Uno de ellos, que se presenta como exponente de las doctrinas de la Iglesia, George Cross, dice al respecto: "La herejнa medioeval difiere de la antigua principalmente en que su interйs fue especialmente eclesiбstico y prбctico mбs bien que doctrinal' aunque tuviera tambiйn este carбcter. Es decir, fue la protesta del individualismo contra el orden establecido mбs que un orden de ideas rivales. Como consecuencia orientу sus esfuerzos a asegurar una mбs elevada moral individual y colectiva y a la larga culminу en el establecimiento de organizaciones eclesiбsticas rivales."
    
Inchausti proporciona un conjunto de datos que reunidos presentan un cuadro cabal de la conducta de las castas superiores de la jerarquнa eclesiбstica, codiciosa de toda. clase de bienes y sistemбticamente opuesta a la emancipaciуn de los campesinos y de los burgueses entre los que se reclutaron principalmente las huestes que ella calificу y fulminу como herejes.
    
En los decretos de los concilios y en los sermones abundan los reproches y las acusaciones contra los sacerdotes: "No conocen otro Dios que el dinero, tienen una bolsa en el sitio del corazуn", exclama Inocencio III. Los cistercienses comerciaban a las puertas de los monasterios, en las ferias y en las tabernas; se entregaban al negocio, se mezclaban en la vida secular. Desуrdenes, rebeliones y luchas intestinas invadнan la mayorнa de los monasterios, dividнan las уrdenes y mantenнan una agitaciуn perpetua. La Iglesia no apoyу los progresos sociales de la burguesнa urbana, sino que fue por el contrario uno de los mayores obstбculos que aquйllos tuvieron que vencer. Aportу al rйgimen a que se hallaba ligada el potente apoyo de sus doctrinas, de sus fulminaciones espirituales y de su poder temporal. Los clйrigos que refieren los acontecimientos contemporбneos no tienen una palabra de piedad para las vнctimas de los infortunios de la йpoca. Los уrganos mбs autorizados de la Iglesia emplean contra los burgueses y los campesinos los mismos tйrminos injuriosos y odiosos que los mбs brutales de los barones. Las seсorнas eclesiбsticas, la explotaciуn y la arbitrariedad de sus jueces, son las que mбs sublevaciones provocan. Para defender al rйgimen el clero recurre a todas las armas de que dispone. Los concilios y los predicadores recuerdan a los sъbditos el deber de la obediencia y los intiman bajo pena de censura y de excomuniуn o pйrdida de su alma a someterse sin discusiуn a sus amos. Las mбs altas autoridades presentan  la servidumbre del siglo como un castigo; elaboran toda una teorнa sacada de los textos de las Escrituras y de los Padres, que justifica el estado social que ha dado a la Iglesia sus privilegios: "Siervos", exclama el arzobispo de Reims desde lo alto de la sede metropolitana, "someteos en todo momento a vuestros amos y no tomйis como pretexto su dureza y su avaricia. Seguid sometidos, ha dicho el Apуstol, no sуlo a los que son buenos y moderados, sino a los que no lo son." El movimiento comunal no ha tenido peor enemigo que la Iglesia: "Conjura, nombre nuevo, nombre detestable", exclama el abate Guilbert de Nogent. El gran obispo lbes de Chartres negaba todo valor a la sumisiуn del obispo de Beauvais a los burgueses de la ciudad: "Semejantes pactos son nulos de pleno derecho y contrario a las doctrinas de los santos padres." El sistema de los beneficios, que prбcticamente los convirtiу en bienes de los clйrigos que en principio eran sуlo administradores de los bienes que los fieles dejaban para obras de caridad, hizo que sus rentas se aplicasen con criterio mбs egoнsta a los fines caritativos para que estaban destinados. El prestigio de las instituciones eclesiбsticas ha debido disminuir en proporciуn a la disminuciуn de la largueza de sus interesados administradores. A principios del siglo XIII, Inocencio III, en una severa carta referente al arzobispo de Narbona, seсalaba la corrupciуn del clero como causa de la decadencia del prestigio de la Iglesia. En ella amonestaba a "esos ciegos, esos perros mudos que ya no saben ladrar, esos simonнacos que venden la justicia, que absuelven al rico y condenan al pobre. Ni siquiera observan las leyes de la Iglesia. Acumulan beneficios y confнan los sacerdocios y los beneficios eclesiбticos a sacerdotes indignos, a menores analfabetos. De todo ello procede la indolencia de los herйticos, el menosprecio de los seсores y del pueblo por Dios y por la Iglesia". Estos conceptos se refieren al mediodнa de Francia, donde entonces predominaba la herejнa albigense; pero las disposiciones de los concilios y de los papas, aunque son de йpoca posterior, nos autorizan a pensar que ese estado de cosas no podнa ser solamente de aquella regiуn. Las уrdenes mendicantes fueron en su origen pobres y reformadoras. Santo Domingo y sus compaсeros empezaron su apostolado por la persuasiуn; pero la Orden no tardу en adoptar el partido de la violencia. Amigo del conde de Monfort, lнder de la represiуn contra los albigenses, Santo Domingo aceptу de йl para su monasterio los despojos de las vнctimas de la represiуn. Los primeros franciscanos, como los primeros valdenses, eran mнsticos dulces, ascetas, inofensivos, mбs o menos ortodoxos que se prohibнan toda propiedad, incluso la colectiva, y que se consagraban a la caridad. Pero la Iglesia triunfante pronto los convirtiу en sus auxiliares; mendigaron por cuenta de los papas y de la polнtica romana. Convertidos en ricos y poderosos incurrieron en desуrdenes que provocaron nuevas reformas. 

 

10. La Iglesia, la pobreza y las herejнas.

"Las уrdenes mendicantes", dice Inchausti, "fueron organizadas como una adaptaciуn eclesiбstica de las colectividades espontбneas de mendigos de los siglos anteriores... Al autorizar la organizaciуn de las уrdenes la Santa Sede habнa dado una verdadera consagraciуn a este tipo de organizaciones derivadas de la fe popular. Lo habнa hecho como una medida salvadora contra las sectas heteredoxas que amenazaban sus intereses temporales y su predominio jerбrquico." La creaciуn de las уrdenes mendicantes tendiу evidentemente a controlar mediante su absorciуn a las colectividades de mendigos que impregnadas del fervor mнstico adoptaron sin embargo una actitud hostil a la Iglesia. En el siglo XI, en efecto, se registra la existencia de movimientos espontбneos de colectividades de mendigos. Tal fue en esa йpoca el movimiento alemбn de los begardos, que parece originado en la miseria econуmica. Entonces la pobreza se amparaba en la justificaciуn mнstica de la teуrica pobreza clerical. Tender la mano para obtener la subsistencia era en si mismo un medio de llegar a la santidad. Estos movimientos fueron vigorosos en el siglo XIII. Las уrdenes mendicantes habнan sistematizado la mendicidad, su sistema consistнa en enviar constantemente monjes que salнan a pedir y que iban provistos de recipientes adecuados para recibir los donativos en especie, ya fueran sуlidos o lнquidos. En un escrito de un dominico del siglo XIV que relata estos procedimientos se observa que ciertos monjes pedнan solamente a los ricos y que otros se dirigнan a toda la gente. El cisterciense Jacques de Therines defendнa a las уrdenes no mendicantes porque decнa que el estado de mendicidad exponнa a la vagancia y relajaba la moral individual de los frailes induciйndoles a adular a los ricos y a perjurar para obtener donativos.
    
Pero la Iglesia modificу radicalmente su actitud respecto a la pobreza tan pronto como desaparecieron las condiciones de peligro que la indujeron a crear las уrdenes mendicantes. Cuando las sectas mбs peligrosas fueron abatidas en virtud del esfuerzo combinado y coincidente de la represiуn inquisitorial y de las misiones de franciscanos y dominicos, y cuando al mismo tiempo ocurriу que estas уrdenes religiosas enriquecidas no practicaban el voto de pobreza, la Santa Sede tuvo motivos suficientes para cambiar su actitud y su posiciуn teуrica respecto a la pobreza. Por estas razones empezaron a discutir los mйritos de la mendicidad a fines del siglo XIII. El concilio de Lyon, en 1274, intentу suprimir las asociaciones de mendigos no autorizados. A fines de ese mismo siglo la mendicidad preocupaba seriamente al pontificado. El enriquecimiento de las уrdenes mendicantes habнa provocado anteriormente en el seno de la Iglesia, de parte del clero secular y de las уrdenes rurales, interpretaciones contradictorias sobre la pobreza clerical considerada desde el punto de vista de la propiedad individual y colectiva. Cuando las epidemias del siglo siguiente hicieron necesaria la mano de obra y los contribuyentes que la mendicidad piadosa convertida en profesiуn restaba a la actividad general, las ordenanzas reales sobre la misma materia, primeras disposiciones sobre legislaciуn del trabajo en Inglaterra, Francia y Castilla, vinieron a consagrar la transformaciуn consumada del concepto eclesiбstico de la pobreza. 

 

11. Difusiуn de las herejнas medioevales.

George Cross, antes citado, seсala en los siguientes tйrminos las caracterнsticas de la expansiуn de las herejнas medioevales:  "La herejнa medioeval es europea. Lo asombroso es su rбpida difusiуn. Apareciу sъbitamente en el siglo XI y en poco tiempo se extendiу por todo el Continente, desde Bulgaria en el Este hasta Espaсa en el Oeste y desde Inglaterra en el Norte hasta el centro de Italia recibiу su influencia. Los herejes fueron especialmente numerosos en el sur de Francia, en Suiza y en el norte de Italia, pero los hubo en gran cantidad en Parнs, Orleбns y Reims; en Arras, en Cambray y en los Paнses Bajos; en las ciudades alemanas de Goslar, Colonia, Treveris, Metz y Estrasburgo; en Hungrнa, en los condados del sureste de Inglaterra y en Cataluсa y Aragуn. Toda la estructura de la Iglesia papal estuvo en peligro de derrumbarse y sуlo las medidas mбs violentas adoptadas en colaboraciуn con las autoridades seculares pudieron derrotar a los rebeldes... aunque no definitivamente. Porque la Reforma hizo renacer el movimiento en muchos aspectos y entonces triunfу con carбcter permanente. Parece claro, aunque no hay pruebas evidentes, que se difundiу entre la gente comъn y entre muchos sacerdotes durante mucho tiempo antes de que la jerarquнa, preocupada con la polнtica de la Iglesia, despertase ante el peligro."
    
En 1250, la noticia de la derrota y de la prisiуn de San Luis en Tierra Santa fue el pretexto para una formidable insurrecciуn agraria de los pastoreaux. Esta rebeliуn, que se presentу bajo el aspecto religioso de una cruzada espontбnea para liberar al rey, anбloga por su нndole sentimental y popular a los movimientos de tiempos anteriores, se seсalу por su violencia contra la burguesнa, contra los usureros y contra la propiedad eclesiбstica. En 1320 este movimiento de los pastoreaux se reprodujo con caracteres violentos.
    
Con anterioridad a los levatamientos de los pastoreaux de 1320, la Iglesia habнa dictado bulas pontificias contra los beguinages, fratricelli y demбs comunidades no autorizadas, que como los pastoreaux parecнan observar el precepto de la pobreza. Se les excomulgу por entonces y se les entregу a la Inquisisciуn.
    
Como es sabido la secta heterodoxa que de modo mбs visible amenazу la estabilidad de la Iglesia fue la de los albigenses o cбtaros en el siglo XIII, que tuvo su origen y sedes principales en el sur de Francia. En esta secta, los sacerdotes, que se llamaban perfectos, pertenecнan generalmente a las clases trabajadoras. Los valdenses o pobres de Lyon reclutaban sus adeptos entre los tejedores especialmente. Los perfectos cбtaros practicaban el ascetismo y la comunidad de bienes que no parece haber sido diferente de la usual en las уrdenes monбsticas. Los inquisidores y polemistas cristianos acusaron a su modo a los cбtaros creyentes, es decir, a los fieles que no vivнan la vida ascйtica de los perfectos, de pertenecer a las clases mбs bajas de la sociedad. Carlos Molinier ha observado que esta acusaciуn tendнa a confundir la pobreza con la ignorancia y da el siguiente resultado de la investigaciуn sobre la clase social a la que pertenecнan los creyentes: "Era ordinariamente en la clase media o burguesa y en las clases inferiores, entre los artesanos de las ciudades y entre los cultivadores de los campos donde se reclutaban estos representantes especiales de las doctrinas dualistas." Pero agrega que йsta es una comprobaciуn general. La composiciуn social de la secta ha variado segъn las йpocas, y establece tres perнodos diferentes: entre 1200 y 1250 habнa sido sostenida por todas las clases sociales. Entre 1250 y 1300 estaba compuesta casi totalmente de nobles; existirнan aъn algunos burgueses y ricos en ella, pero los fieles se reclutaban en forma predominante entre los pequeсos propietarios agrнcolas y entre los artesanos. Entre 1300 y 1325 habrнan dominado las clases pobres.
    
A juicio de varios historiadores la adhesiуn de los nobles a las sectas heterodoxas se deberнa a que en su doctrina y difusiуn encontraban la justificaciуn racional y la ocasiуn favorable para usurpar bienes eclesiбsticos: "El final del siglo XII y los comienzos del siguiente aparecen seсalados por una serie de usurpaciones de los dominios y propiedades de la Iglesia que hacнan los seсores feudales. La nobleza laica intentу casi en todas partes despojar a la nobleza eclesiбstica y estos ejemplos dados por los mбs poderosos sectores fueron en seguida imitados por los mбs modestos hidalgos." Cuando se iniciу la represiуn inquisitorial con su cortejo de confiscaciones de bienes, los nobles abandonaron la secta albigense y la suerte de йsta la siguieron desde entonces los que no tenнan nada que perder.
    
La secta tenнa tres diуcesis en Francia, las tres en el mediodнa: Albi, Tolosa y Carcasonne. A principios del siglo XIII su difusiуn era tal en el Languedoc que el culto cбtaro convivнa en pъblica concurrencia con la Iglesia cristiana. Sus fieles prestaban servicios sociales tales como cuidados en caso de enfermedad, limosna y prйstamos procedentes de donativos que recibнan; operaciones comerciales, generalmente con productos agrнcolas, y atendнan a la educaciуn de la infancia. Guiraud dice que sostenнan tambiйn talleres industriales, aunque los ъnicos que menciona se refieren a trabajos textiles que hacнan los perfectos que vivнan en comunidad.
    
La secta contemporбnea de los albigenses fue la de los valdenses o pobres de Lyon antes citada, que tambiйn reclutaba sus adeptos entre los pobres, especialmente entre los tejedores. En su origen se extendiу por Suiza, Saboya y la diуcesis de Mans. Prescindнan de los sacerdotes, de los sacramentos, y condenaban la oraciуn, el servicio militar y la propiedad individual. La secta se extendiу por el mediodнa de Italia y Aragуn, de donde los expulsу Alfonso II en 1194. En el siglo XIII los valdenses se dividieron y mientras sus partidarios de Francia trataron de seguir dentro de la Iglesia a pesar de sus doctrinas especiales, los de Italia rompieron con ella y organizaron un culto enteramente aparte.
    
Aunque mбs de un siglo posterior a las herejнas de los albigenses y valdenses, debemos mencionar aquн la de los wicliffitas en Inglaterra y la de los hussitas en Bohemia, a las que deberemos referirnos con mбs extensiуn en un capнtulo posterior al estudiar las sublevaciones de los campesinos. 

 

 Las herejнas desde el punto de vista de la lucha de clases.

     Al estudiar las herejнas en su relaciуn con las luchas de clases, Engels proporciona una interpretaciуn de las mismas de la que transcribimos a continuaciуn la parte sustancial:
    
En las dos herejнas medioevales que alcanzaron mayor expansiуn, dice Engels, encontramos desde el siglo XII las huellas de las divergencias que separan la oposiciуn burguesa de la campesina y plebeya y que motivaron el fracaso de las guerras campesinas.
    
La herejнa de las ciudades, que es en cierto modo la herejнa oficial de la Edad Media, se dirigнa principalmente contra los curas, atacбndolos por su riqueza y por su influencia polнtica. La herejнa burguesa tenнa la forma reaccionaria de toda herejнa que no ve en la evoluciуn de la Iglesia y de su doctrina otra cosa que su degeneraciуn. Exigнa la restauraciуn del cristianismo primitivo con su aparato eclesiбstico simplificado y la supresiуn del sacerdocio profesional. Esta instituciуn barata hubiese acabado con los monjes, los prelados, la curia romana, en una palabra: con todo lo que la Iglesia tenнa de costoso. Aunque protegidas por monarcas, las ciudades eran republicanas y en sus ataques contra el papado expresaron por primera vez la idea de que la Repъblica es la forma normal de la dominaciуn burguesa. Su enemistad contra una serie de dogmas y preceptos de la Iglesia se explica por los hechos que ya hemos enumerado y por sus condiciones de vida en general. El mismo Bocaccio nos da a conocer las razones que movieron a las ciudades a impugnar el celibato en tonos tan vehementes. Arnaldo de Brescia en Italia y Alemania y los albigenses en el sur de Francia, Juan Wycliffe en Inglaterra, Juan Hus y los calistinos en Bohemia fueron los principales representantes de esta tendencia.
    
En Alemania, como en el sur de Francia, como en Inglaterra y Bohemia, la mayor parte de la pequeсa nobleza se solidarizу con la herejнa de las ciudades en la lucha contra los curas, lo que pone de manifiesto la dependencia en que las ciudades tenнan a la pequeсa nobleza y la comunidad de intereses de aquйllas y de йsta frente a los prнncipes y prelados. Esta alianza resurgirб en la guerra campesina. La herejнa que expresaba los anhelos de los plebeyos y campesinos, y que casi siempre daba origen a alguna sublevaciуn, tenнa un carбcter muy diferente. Hacнa suyas todas las reivindicaciones de la herejнa burguesa que se referнan a los curas, al papado y a la restauraciуn de la iglesia primitiva; pero al mismo tiempo iba mбs allб. Pedнa la instauraciуn de la igualdad cristiana entre los miembros de la comunidad y su reconocimiento como norma de la sociedad entera. La igualdad de los hijos de Dios debнa traducirse por la igualdad de los ciudadanos y hasta por la de sus haciendas. La nobleza debнa ponerse al mismo nivel que los campesinos, y los patricios y burgueses privilegiados al de los plebeyos. La supresiуn de los servicios personales, de los censos, de los tributos y de los privilegios, y la nivelaciуn de las diferencias mбs escandalosas de la propiedad eran reivindicaciones formuladas con mбs o menos energнa y consideradas como consecuencia necesaria de la doctrina cristiana cuando el feudalismo estaba en su apogeo. Esta herejнa plebeya y campesina (por ejemplo la de los albigenses) no se separу de la burguesнa; pero durante los siglos XIV y XV se transformу en ideario de un partido bien definido independiente de la herejнa burguesa. Asн, Juan Ball, el predicador de la sublevaciуn de Wat-Tyler en Inglaterra, aparece al margen del movimiento del Wycliffe, como los taboritas al lado de los calistinos en Bohemia. En el movimiento taborita se manifiesta ya bajo el ropaje teocrбtico esa tendencia republicana que a fines del siglo XV y principios del XVI adquiriу tanta importancia entre los representantes de los plebeyos alemanes.
    
Los plebeyos eran la ъnica clase que entonces se hallaba enteramente al margen de la sociedad existente. Se hallaban fuera de la comunidad feudal y de la comunidad burguesa. No tenнan privilegios ni bienes, no tenнan siquiera la propiedad gravada con cargas abrumadoras, de los campesinos o pequeсos burgueses; estaban desposeнdos y sin derechos; en su vida normal ni siquiera entraban en contacto con las instituciones de un Estado que ignoraba hasta su existencia. Eran un sнmbolo viviente de la disoluciуn de la sociedad feudal y corporativa y al mismo tiempo los primeros precursores de la primera sociedad burguesa.
    
Asн se explica que ya entonces la fracciуn plebeya no pudiera contentarse con combatir tan sуlo al feudalismo y a la burguesнa privilegiada de los gremios, sino que tuvo que ir, por lo menos en su imaginaciуn, mбs allб de la propia sociedad burguesa apenas naciente, y se explica tambiйn por quй esta fracciуn desposeнda tuvo que recoger las ideas y conceptos que son comunes a todas las sociedades basadas en el antagonismo de clase. Las fantasнas quiliбsticas (creencia consistente en que un milagro divino -la vuelta de Cristo-inaugurarнa una era milenaria de felicidad comunista para los hijos de Dios en la Tierra) del cristianismo primitivo ofrecнan el punto de referencia oportuno; pero la superaciуn no sуlo del presente, sino tambiйn del porvenir, no podнa ser mбs que forzada e imaginaria; al primer intento de realizaciуn tenнa que volver a encerrarse en los estrechos lнmites que permitнan las circunstancias de entonces. El ataque contra la propiedad privada, la reivindicaciуn de la comunidad de bienes, no podнan dar mбs resultado que una simple organizaciуn de la Cruzada; la confusa igualdad cristiana podнa a lo sumo traducirse por la burguesa igualdad ante la ley; la supresiуn de toda autoridad, por fin, se transforma en el establecimiento de gobiernos republicanos elegidos por el pueblo. La anticipaciуn del comunismo en la imaginaciуn condujo en realidad a una anticipaciуn de la nueva sociedad burguesa.

 

 

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