Lo que me queda por vivir resumen de la

Me respondieron que dejase de decir tonterías, y que ni se me pasase por la imaginación el dejar un trabajo como el que tenía con la que estaba cayendo en España.

Además, siempre que aparecía en el periódico alguna noticia dramática sobre la crisis, como la historia de un directivo que lo había perdido todo y ahora dormía debajo de un puente, mi padre me mandaba un e-mail con el enlace y un título tipo “Para que valores lo que tienes…”.

A pesar de la presión, decidí seguir adelante con mi plan. Dejé mi trabajo, vendí casi todas mis pertenencias y me volví a Cáceres. Y como te puedes imaginar, esta vez mis padres no me recibieron felices y sonrientes como cuando solía volver en Navidad.

Es cierto que no me negaron la entrada a su casa ni dejaron de darme de comer, pero estuvieron muchísimo más fríos conmigo. Mi padre apenas me habló durante las primeras semanas, y en general les notaba tristes, disgustados y decepcionados por mi decisión. Y no les faltaba motivos para ello.

Habían pasado de tener un hijo en Estados Unidos con un empleo prestigioso y la vida resuelta, a tenerlo de vuelta en casa, con planes de irse él solo a Tailandia y una página web de lectores de ebooks como única fuente de ingresos.

Para echarse a temblar.

Si en algún momento decides hacer como yo y tomar un camino poco convencional, ya sea cogerte un año sabático, dejar la carrera o montar un negocio online, es muy posible que no cuentes con el apoyo de tus padres. De hecho, puede que incluso se enfaden contigo.

El miedo a que esto ocurra, a “no ser un buen hijo” y decepcionar a tu familia, es uno de los principales motivos por el que miles de personas siguen atrapadas en una vida que odian.

Sin embargo, creo que nadie debería sacrificar su propia felicidad por contentar a otros, incluso si esos otros son sus padres, y por eso quiero compartir contigo algunas herramientas para que puedas salir de esta situación en caso de que alguna vez te encuentres en ella.

En el post de hoy voy a explicarte por qué existe un conflicto entre lo que tú quieres y lo que tus padres quieren para ti, y por qué a pesar de todo deberías hacer lo que a ti te haga feliz. También te daré algunos consejos para minimizar los daños cuando finalmente tomes esa decisión “impopular”.

Y para completar ese material, la semana que viene invitaré al blog a un experto en psicología y comunicación para que te cuente exactamente cómo plantear la conversación comprometida que tarde o temprano tendrás que tener con tus padres, y qué debes hacer para que se lo tomen de la mejor manera posible e incluso te acaben apoyando.

¿Preparado? Pues empecemos por el principio…

NOTA: Este artículo está enfocado al miedo a decepcionar a tus padres, pero también es aplicable al miedo a decepcionar a tus tíos, a tu pareja u a otra persona importante en tu vida.

Un problema de expectativas

Tus padres ya tienen una serie de expectativas de ti incluso antes de que nazcas. Esperan que seas un cierto tipo de persona, que te comportes de una cierta manera y que te gusten unas ciertas cosas.

Esas expectativas varían de padres a padres, pero siempre tienen su origen en cuatro factores:

El gran problema de estas expectativas es que no tienen en cuenta tu naturaleza, y suponen una pesada carga que tú no has elegido.

Como he explicado en otras ocasiones, cada individuo es único.

Tu identidad es una combinación de tus genes, experiencias, conocimientos, valores y actitudes, y es diferente de la del resto de seres humanos.

Aunque tus padres te hayan educado y hayas heredado algunos de sus genes, no sois clones.

Tú eres tú, y tus padres son tus padres, y por eso vais a ser diferentes, os van a gustar cosas diferentes, y vais a comportaros de forma diferente ante una misma situación.

Las expectativas que tus padres tienen de ti representan lo que ellos quieren que seas y hagas, pero ignoran completamente tu esencia y lo que tú quieres ser o hacer.

Por eso, siempre existirá un conflicto entre tus intereses y los de tus progenitores.

Tarde o temprano te verás en una situación en la que tu naturaleza te dirá que hagas una cosa y tus padres esperarán que hagas otra. Y tendrás que elegir entre ambas opciones. Es inevitable.

Si eliges la primera opción, seguir tu propio camino, puede que tus padres se sientan decepcionados. Puede que se enfaden contigo. O en el peor de los casos, puede que te deshereden o te dejen de hablar para toda la vida. Y no es algo que puedas controlar o preveer.

¿Pero sabes qué?

Aun así deberías hacer lo que te hace feliz, y tengo varios buenos motivos para ello.

1. Es la única alternativa lógica

Sacrificar tu felicidad para complacer a tus padres no tiene ningún sentido. Y para entender por qué, sólo tienes que pensar en qué pasaría si todo el mundo hiciese lo mismo.

Imagínate que tus hijos sacrificasen su felicidad para complacerte a ti, que tus nietos sacrificasen su felicidad para complacer a tus hijos, que tus bisnietos sacrificasen su felicidad para complacer a tus nietos… Ahora imagínate que esto se repitiese en todas las familias hasta el final de los tiempos.

¡Todo el mundo acabaría siendo infeliz para complacer a otros, lo cual no tiene ni pies ni cabeza!

La única alternativa lógica, por lo tanto, es buscar tu propia felicidad, incluso cuando eso suponga estar en desacuerdo con tus progenitores.

2. No les debes nada a tus padres

Mucha gente siente la obligación moral de sacrificarse por sus padres porque sus padres les han dado la vida y han cuidado de ellos durante muchos años.

Si ese es tu caso, piensa que tú no le pediste a tus padres que te tuviesen.

Fue una decisión que tomaron ellos voluntariamente y pensando en su propia felicidad, no en hacerte a ti un favor. Eran conscientes de que tener un hijo implicaba mantenerlo y cuidar de él al menos hasta los 18 años, y aun así decidieron dar el paso porque pensaron que les merecería la pena. Por lo tanto, no les debes nada.

Ojo, ¡eso no quiere decir que tengas que portarte como un capullo con ellos!

Creo que si tus padres te han querido y te han tratado bien, tú también deberías quererles y tratarles bien, como harías con cualquier otra persona. Pero el hecho de que sean tus padres y se hayan ocupado de ti cuando eras joven no te deja en deuda ni te obliga a sacrificar tu vida por ellos.

3. Todo va a salir mejor de lo que crees

Es posible que tengas miedo a llevarle la contraria a tus padres sólo porque crees que si lo haces se van a pillar un disgusto tremendo. Que vas a arruinarles el resto de su vida, y como castigo te desheredarán y te dejarán de hablar para siempre.

Afortunadamente, es muy poco probable que ocurra algo así.

Si tus progenitores son personas razonables entenderán que tomes tus propias decisiones, y aunque no estén de acuerdo con ellas e incluso se enfaden contigo durante unos días, el sofocón se les acabará pasando y no dejarán de quererte.

En mi caso, mis padres estuvieron mal durante una temporada, pero ahora se sienten orgullosos de mí, están contentos de que pueda pasar más tiempo que antes con ellos y son los primeros en apoyarme.

Por eso, evita montarte una película que no es real, ya que es muy posible que todo vaya mucho mejor de lo que esperas 🙂

4. Estás en tu derecho

El miedo a decepcionar a nuestros padres está íntimamente relacionado con el sentimiento de culpa.

Muchas veces preferimos hacer lo que nuestros progenitores esperan de nosotros, aún a sabiendas de que no nos hará felices, sólo porque no queremos ser unos “malos hijos” o unos “egoístas”.

Renunciamos a nuestra naturaleza, a nuestro verdadero yo, porque consideramos nuestros deseos indignos o inadecuados.

Esta manera de comportarse tiene su origen en una cualidad humana que se conoce como vergüenza tóxica. No voy profundizar más sobre el tema, pero si te interesa te recomiendo que te leas Sanar la vergüenza que nos domina, de John Bradshaw, o apuntarte al taller Quiérete de verdad que imparte mi amigo Miguel.

De momento sólo quiero que te grabes a fuego que tienes derecho a ser quien eres.

Tienes derecho a que no te guste la medicina y a elegir otra carrera por mucho que el sueño de tu padre sea tener un hijo cirujano, y eso no te hace un mal hijo.

Tienes derecho a ser mal estudiante y a labrarte un futuro digno sin ir a la universidad, y eso no te convierte en un fracasado.

Tienes derecho no cargar con problemas familiares de los que no tienes culpa y a hacer tu propia vida, y eso no te convierte en un traidor egoísta.

En definitiva, tienes derecho a ser feliz y a ser tú, y jamás deberías avergonzarte por ello.

Cómo minimizar los daños

Si has llegado hasta aquí, espero haberte convencido de la necesidad de hacer aquello que quieres y que crees que te va a hacer feliz, tanto si tus padres están de acuerdo contigo como si no.

Sin embargo, esta es sólo la primera parte del proceso.

Ahora vas a tener que actuar, que recorrer el camino, y sé por experiencia que no es nada fácil.

Por eso, quiero cerrar el artículo con una serie de consejos para que tomar esa decisión vital con la que tus padres no están de acuerdo te resulte lo más llevadero posible.

1. Hazte económicamente independiente

Mientras dependas económicamente de tus padres no podrás tomar tus propias decisiones. Como ellos pagan, ellos mandan, y no te quedará más remedio que agachar la cabeza y hacer lo que te digan.

Es algo que pude comprobar en 4º de carrera cuando intenté irme a estudiar a la Complutense de Madrid. Hice el traslado de matrícula y reservé mi plaza en un colegio mayor, pero cuando llegó la hora de pagar mi padre dijo que no y ahí se terminó toda la historia.

Si quieres hacer algo sin el apoyo de tus padres, ellos están en su derecho de no querer costeártelo, así que para que tu plan pueda salir adelante primero tendrás que convencerles de que te lo financien o ingresar lo suficiente como para cubrir todos los gastos.

Puede que esto signifique tener que trabajar por las tardes o los fines de semana durante una temporada, o renunciar a algunos caprichos, pero qué es más importante para ti, ¿todas esas cosas o tu independencia?

2. Rodéate de gente que te entienda

Cuando tomas una decisión impopular y tienes a tu familia y a todo tu círculo social en contra, es muy fácil dudar de uno mismo y acabar viniéndose abajo.

De ahí la importancia de rodearte de gente que te entienda y te apoye.

Quizá tengas que salir a buscar a estas personas, pero te aseguro que existen, y hoy gracias a Internet el encontrarlas es más fácil que nunca (la comunidad de Vivir al Máximo es un buen sitio para empezar).

Ojo, ¡no hace falta que pierdas el contacto con tus padres ni con tus amigos! Simplemente no les hables de tu decisión, porque no van a cambiar de opinión y lo único que vas a conseguir es enfadarlos.

Eso fue lo que hice yo en su momento. En cuanto vi que mis padres no me iban a apoyar con el tema de dejar Microsoft, dejé de hablar sobre eso con ellos, pero seguí trabajando en la sombra con el apoyo de algunos foreros y colegas fieles.

3. Convence con hechos, no con palabras

Aunque mis padres nunca estuvieron de acuerdo con que dejase Microsoft, su actitud cambió por completo el día en que les enseñé un reporte de ingresos de Amazon que indicaba que ese mes mi web había generado más de 1.000€.

De pronto vieron que mi plan de crear un negocio pasivo online no era un sueño inalcanzable, sino una realidad, y su discurso cambió de “ni se te ocurra dejar el trabajo” a “mejor espérate un par de años a que tengas las Green Card y algo más de dinero ahorrado”.

Tus padres te quieren mucho, y es normal que se preocupen por ti si les presentas un plan incierto y sin garantías. Sin embargo, si les demuestras con hechos objetivos que vas en serio y que lo que tienes en mente puede funcionar, se sentirán mucho más tranquilos y puede que incluso te apoyen.

4. Presenta tu decisión de la mejor manera posible

Las formas importan.

No es lo mismo soltarle de pronto a tus padres que mañana dejas la empresa familiar porque estás hasta las narices de todo, que explicarles que, aunque quieres ayudarles lo máximo posible, ese trabajo no es para ti, y que vas a buscar a un sustituto de confianza en los próximos meses para poder dedicarte a tejer bufandas que es tu verdadera vocación.

Si eres capaz de comunicar tus intenciones de una manera educada, empática y persuasiva, la reacción de tu interlocutor será mucho más positiva, y puede que incluso te apoye con tus planes.

Este punto es clave, y la semana que viene un invitado especial te explicará a fondo cómo plantear correctamente esta conversación crítica.

Conclusiones

Es normal que lo que tú quieras hacer con tu vida no sea lo mismo que lo que tus padres quieran para ti. No en vano sois individuos diferentes, cada uno con sus propios gustos y deseos.

Por eso, no hay nada de malo en que en ocasiones le lleves la contraria tus progenitores.

Que no estés de acuerdo con ellos en ciertas cosas no quiere decir que a partir de ese momento tengáis que llevaros mal, ¡ni mucho menos! Simplemente eres consciente de que es imposible contentar a todo el mundo así que estás tomando la decisión que consideras más adecuada para ti.

Puede que en un primer momento no les haga gracia. Pero si sigues haciendo lo que te hace feliz y tratándoles con amor y respeto, se les acabará pasando el disgusto y te respetarán por tu valentía. Y en caso de no ser así, ya es cosa suya. Al fin y al cabo, son ellos los que han elegido seguir enfadados voluntariamente, no tú.

Tienes derecho a ser feliz, y el miedo a decepcionar a tus padres por ser o hacer lo que esperan de ti nunca debería ser un obstáculo.

Espero que lo consigas.

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¡Tú turno! ¿Alguna vez has tomado una decisión que no les hiciese gracia a tus padres? ¿Cómo fue la cosa? ¿Cuál sería tu consejo #1 para alguien que tiene miedo a decepcionar a sus padres? Si eres padres, ¿cuál es tu punto de vista? Cuéntanoslo en los comentarios J

Mañana, martes 31 de mayo, organizo una quedada en Madrid. Si te apetece pasarte a conocerme a mi y a otros muchos lectores, puedes consultar aquí los detalles del evento.

Foto: oveja negra



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